De carnicero a presidente del Concejo y el orgullo de su elección: “Monte es el mejor lugar del planeta para vivir”, dice el “Vasco” Elzaurdia
Nació en Dorrego, ama la música, andar a caballo y disfrutar de los tiempos libres que antes no tenía. La política no fue el centro de la escena, aunque sí fue crudo con la realidad social de su comunidad. “Muchos vecinos no tienen para comer y otros no llegan a fin de mes”.

Nota de Sergio Daniel Peyssé en Monte Hermoso Noticias
Acomodó todo lo que había arriba del escritorio para hacer lugar, descartó papeles, miró el segundero del teléfono para comprobar si la grabación estaba en marcha y se sorprendió con la primera pregunta.
“¿Cuál es mi pasión? Tengo locura con los caballos, soy un enamorado de la música y desde hace algunos años la prioridad pasó a ser la política”.
La nota comenzó por donde él menos imaginaba, aunque su forma de ser y su experiencia de vida lo hicieron adaptar enseguida. Y terminó siendo un verdadero gusto poder “enlazar” un entretenido ida y vuelta con el multifacético Cristian Elzaurdia, presidente del Concejo Deliberante de Monte Hermoso desde diciembre del año pasado.
Nació el 10 de noviembre de 1971 en Coronel Dorrego, aunque en los albores de la década del ’90 arribó a Monte para quedarse a vivir para siempre.
Pese a recibirse de perito y docente en clasificador de granos, curso que realizó en Bahía Blanca tras finalizar sus estudios secundarios, su primer oficio fue el de carnicero.
“Mi suegro fue el impulsor de ‘Carnicería Patricia’ en Dorrego, y con mi actual señora (Patricia Roa), cuando éramos novios, abrimos una sucursal acá en Monte, comercio que permaneció activo durante tres décadas”, indicó el “famoso” Vasco, custodiado por una foto de sus dos hijos (Juan, de 26 y Flor, de 22) en un estante que emerge por detrás —y muy cerquita— del respaldo de su silla giratoria.
“Muchas veces me cargan, me dicen que en Monte me conocen más por carnicero que por político, lo que es verdad, aunque no reniego de mi pasado y sé por todo lo que pasé antes de llegar a ser lo que soy”, afirmó quien alguna vez soñó con convertirse en veterinario.
—¿Disfrutás de la política?
—Sí, aunque también la sufro cuando hay que sufrirla. Busco la perfección en todo lo que hago y voy hasta las últimas consecuencias con mis ideales y mi forma de pensar. Soy muy democrático a la hora de tomar decisiones y prefiero consensuar en grupo antes de tomar una determinación, ya sea a nivel partido, Concejo o de carácter social.
—Mientras eras carnicero, ¿opinabas o te interesaba la política?
—Nunca me gustó mezclar lo comercial con lo político. En el local, los clientes de siempre sabían que los temas que podían generar discusión no se tocaban, y eso que de mi papá (Hugo José), peronista desde la cuna, heredé un cierto interés por todo aquello que tiene relación con la gestión pública.
“Mi señora, dorreguense y maestra jardinera, incursionó por varios años en política siendo parte del Consejo Escolar, aunque yo nunca me enganché, mi cabeza siempre estuvo enfocada en el negocio, en los números que dejaban las ventas y en cumplir con carne de excelente calidad para los montermoseños y los turistas que nos venían a visitar”.
Cristian y su familia fueron y son permanentes colaboradores de distintas instituciones y Asociaciones de la ciudad, incluso él hoy es parte del Consejo de Administración de la Cooperativa Telefónica y le brinda más que una mano a las agrupaciones folclóricas que tanto luchan por subsistir en este presente poco alentador.
Aunque hubo un día que todo cambió. Un llamado que alteró el paradigma del “Ruso”, quien después de atender la carnicería incumbía en el arte de la música como profesor (con título registrado) de guitarra y de teoría y solfeo.
“Cuando Patricia concluye con su periodo de Consejera, en 2019, recibo el llamado de un gran amigo, Alejandro Dichiara, quien me pregunta donde estaba porque quería hablar conmigo”, relató quien egresó como técnico de la Escuela Agropecuaria N° 1 de Coronel Dorrego.
“Ale no me dejó ni respirar, me pidió que lo acompañe en la lista y me aclaró que no iba a esperar un ‘no’ como respuesta. Cuando le dije que sentía que no era el momento, me hizo recapacitar con un ‘¿Y cuándo es el momento?’ Me terminó de convencer, aunque me surgieron un montón de dudas que después se fueron disipando con el tiempo y mis tareas como funcionario”, deslizó, referenciando también a César Quintana (durante muchos años presidió el CD) como otro de los “insistidores” para que se integre al bloque justicialista.
“En ese mismo 2019 pasé a ser parte del Concejo con Davito (Quintana) y Caro Balbuena, y en 2023, tras el alejamiento de Pablo Poliotti, quien pasaba a trabajar al IPS (Instituto de Previsión Social), asumo como presidente de bloque, hasta que a mediados de 2025 recibo el llamado de otro amigo, el intendente Hernán Arranz, quien me ofrece el cargo que felizmente ocupo hoy”.
—Todavía no cumpliste el primer semestre, ¿cómo lo llevás?
—Cuento con un extraordinario grupo de trabajo, que siempre está al pie del cañón y me hace todo más sencillo.
En esto no hay fórmulas secretas, es trabajar sin parar, aunar criterios, consensuar y hacer base en los que más experiencia tienen. Como buen Vasco que soy, nunca me voy a quedar en la mitad del río, siempre voy a seguir nadando aunque los brazos y el cuerpo no me den más. La idea es meterle para adelante y hasta las últimas consecuencias.
—En una ciudad tan particular como esta, una ordenanza, ¿surge en plena temporada estival o fuera de ella?
—Puede surgir en cualquier momento. Muchos imaginan que las sesiones del Concejo van entre marzo y noviembre y que en los meses de verano no hacemos nada, pero nosotros venimos durante todo el año en el horario de 8 a 14.
Atendemos a los vecinos, escuchamos sus problemáticas y tratamos de encontrar la solución si es que está a nuestro alcance.
“Es más, te diría que algunas ordenanzas se proyectan para ser activadas en verano, cuando no hay sesiones legislativas. Las mismas surgen a causa de las inquietudes o las necesidades que presentan los ciudadanos. Caminamos las calles y nos hacemos eco de los pedidos de la gente, porque somos, a menor o mayor escala, los representantes oficiales de los montermoseños”.
—¿Cuáles son las temáticas que más preocupan?
—Estamos frente a una situación preocupante porque la gente no llega a fin de mes. Fuera de eso, el tema vivienda es una constante porque se cayeron planes, y Monte es un municipio muy pendiente de las de las necesidades de sus residentes. Hoy por hoy, lo social es lo que más nos preocupa y ocupa.
“Como paliativo, seguimos apostando al plan Habitar MH (programa municipal de acceso a lotes para vivienda única). Se entregaron más de 100 lotes en la zona del acceso oeste y el sueño de muchos ya es una realidad. Algunos vecinos cuentan con su casa propia y otros se encuentran en pleno proceso de construcción”.
“A su vez, venimos trabajando junto a la Secretaría de Desarrollo en el planeamiento de rotondas y en el cambio del sentido de circulación de algunas calles”, acotó.
Con la tradición a flor de piel
“Soy admirador, y si puedo la practico, de cualquier actividad relacionada a los caballos y al tradicionalismo argentino”, contó antes de “creérsela” como buen jugador de polo y pádel.
“Me defiendo bastante, aunque soy un enamorado de los caballos, un animal noble que, si lo tratás bien, siempre está dispuesto a acompañarte. Con Hernán (Arranz) venimos analizando, desde hace un tiempo largo, la posibilidad de contar con un campo ecuestre, hoy una materia pendiente para la ciudad. Es un proyecto que está bastante cerca de poder concretarse”.
—¿Cómo es vivir en Monte para un funcionario con tantas ocupaciones y responsabilidades?
—Monte es el mejor lugar del planeta para vivir. Cuenta con un abanico de opciones que van más allá de nuestra maravilla natural: el mar. Me refiero a lo que se puede elegir en lo deportivo, cultural y esparcimiento.
“Monte cuenta hoy con un polideportivo municipal de excelencia, un natatorio climatizado y una cancha de agua para el hockey. Además, existe un gran movimiento en educación, instrucción y formación en la Casa de la Cultura”.
—¿Cuántas veces por semana vas a la playa?
—Nunca, aunque trabajamos para que la gente nos elija y pueda disfrutar de las bondades de esta ciudad.
Muchos amigos que vinieron a apostar con emprendimientos comerciales, se refregaban las manos y planificaban ir a la playa, a pescar, a pasear por los médanos de arena, pero estando acá entrás en una vorágine que te hace olvidar donde tenés la malla y hasta en qué dirección hay que caminar para llegar al mar.
“Yo aprendí a disfrutar de Monte cuando dejé el negocio. En verano, el escaso tiempo que tenía libre lo elegía para descansar y no pisaba la arena ni de casualidad; en definitiva una realidad de los que tienen y viven del comercio en esta ciudad”.
—¿Cuántos habitantes tiene realmente Monte?
—Según el último censo, 8.600, aunque muchos de nosotros en el bloque opinamos que estamos más cerca de los 10.000 que de los 8.000.
—Tu vida en familia, ¿cuánto cambió?
—Un cien por ciento. Estoy aprovechando a gozar de momentos que no pude vivir antes, por haber sido mezquino y haber pensado siempre en el trabajo y en atender un comercio como primera necesidad.
Mi hijo se recibió de Martillero y Corredor Público y hoy lo disfruto al lado mío. Mi hija cursa cuarto año de arquitectura en Mar del Plata y también evalúa la posibilidad de venirse a vivir acá.
“Me arrepiento de haber perdido la etapa más linda de sus vidas, la de verlos crecer. Aunque hay que saber vivir y convivir con el pasado. Es algo que charlamos con mi señora, que por haber ejercido tantos años como maestra jardinera se perdió reuniones de padres, actos escolares y fiestas.
Siempre trabajamos para forjar un futuro, pero ahora es distinto, porque disfrutamos desde otro lugar, con tiempos que alcanzan para todo y libertades no forzadas”.
—¿Qué es más fácil, presidir el Concejo o despostar una media red?
—Despostar un animal vacuno.
—¿Qué es más comprensible, tener que escuchar todos los días a tus funcionarios o atender al público?
—Las dos son importantísimas, más allá de que sean realidades totalmente diferentes. Cuando hablamos con mis funcionarios, generalmente es porque existe un problema o una inquietud, en cambio el cliente siempre tiene la razón… (risas).
El que va a comprar está poco tiempo en el local, por lo que las charlas son cortas y siempre apuntan a lo mismo: el clima, alguna declaración política o ese comentario que suele rozar el “chusmerío”.
—¿Qué se soporta más, la queja de un turista o que un cliente te diga que la carne está dura?
—Ambas me afectan muchísimo, sobre todo porque siempre fui exigente y obsesivo con mi “yo” interior y con los que andan a mi alrededor. Que haya una queja me duele, y hasta que no le encuentro una solución no paro.
—¿Qué es más sencillo, dar órdenes o manejar un cuchillo?
—Ja, ja… Manejar un cuchillo siempre que esté afilado, je, je. Nunca supe dar órdenes, me cuesta horrores.
—¿Cuál sería tu mensaje para el pueblo montermoseño?
—El mejor Monte Hermoso lo hacemos entre todos. No es responsabilidad de uno o del otro y no es necesario buscar culpables de lo que no se hace o se tarda en hacer.
Voy a traer a colación una frase de cabecera que repetía siempre mi papá: “Monte es un carro de 100 tipos, lo ideal es que 10 vayan arriba y los otros 90 empujen”. Al menos yo no conozco otra manera de avanzar. (07-06-26).



