Pocho

Por César Mc Coubrey
Yo te conocí de purrete, cuando desde el barrio de “Los Turcos” te acercabas al mío para conquistar a “Celi” De Cos, una de las tantas chicas lindas de por aquí. Y no solo lo lograste: fueron mucho más allá, formaron una familia.
Después supe que tu voz era la que se escuchaba por los altoparlantes en la playa de Monte Hermoso diciéndonos: “Helados Pichicai, mejores no los hay”.
En la faz deportiva nos enfrentamos algunas veces en la cancha de Sirio, y es imborrable el recuerdo de tus amigos gritándote: “¡Quemalo, cantor!”.
Siempre supimos el uno del otro, aunque a la distancia. El tango nos iba a encontrar y, gracias a Dios, pudimos compartir ese “Caminito” que fue seguido por muchos amantes del 2×4 a través de la onda de LA DORREGO.
Ahí pude comprobar que no solo parecías, sino que eras un tipo querible, y así consolidamos una sincera amistad.
Los sentimientos son eso: únicos, irrepetibles y difíciles de contextualizar.
Es mentira que te fuiste, como alguna vez sentenció Aníbal “Pichuco” Troilo: “Alguien dijo alguna vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo? ¡Pero cuándo! Si siempre estoy llegando”.
Chau, Pocho. (19-05-26).



