Correr la coneja

Nota de Diego Valeriano en Revista Panamá
El video del inglés corriendo por las calles de Londres la rompe. Además de estar muy bien realizado, es certero, necesario, internacionalista. La rompe. Es uno de los nuestros diciendo algo que nos pasa; aunque corra por calles desconocidas para nosotros, es uno de los nuestros. Aunque hable otro idioma, se entiende. El chabón es muy creíble. No sé absolutamente nada de él, de sus propuestas, de su partido ni de su nombre; pero me resulta creíble.
¿Qué político de acá te imaginás que pueda hacer ese video, correr y que te resulte creíble?
La lista es corta, mínima, inimaginable, fake. Casi ninguno de la oposición puede tener una idea tan piola como la de este inglés; todos llegan a fin de mes; casi ninguno puede correr, ni siquiera cuando los chumba la policía, y las que corren se lookean demasiado. Ninguno es creíble.
Hay varios dirigentes que sufren sedentarismo -lo que hace que estén aferrados a sus bancas, a sus oficinas, a sus contratos, a sus perfo-; otros sufren de oportunismo; todos, de mezquindad.
Muchos, antes de salir a correr, tienen que pedir permiso, y cuando corren en lugares no permitidos estalla la interna. Otros calculan demasiado: solo corren a la hora que sale al balcón. Otras no se entienden ni con sus ideas subtituladas; muchos se agitan y, a veces, discuten si correr es de cheto o no.
Y aunque corran sin agitarse, aunque hagan el video, aunque se entiendan, no te hablan. Ellos a vos no te hablan. Aunque corran por calles que conozcamos, aunque las referencias urbanísticas sean muy cercanas, aunque toquen timbre en mi puerta, todo nos resulta lejano y ajeno.
No hay imaginación. No para hacer un video -eso es lo de menos-, sino para conectar de manera genuina con lo que pasa, con lo que nos pasa. Con esta vida que no es vida, que se nos escurre de entre los dedos, que no podemos sostener, que nos supera. Y además no corren: solo van a canales amigos de streaming. ¿A quién le habla la política hoy? A nadie; a ellos mismos, a veces; a sus jefes ricos.
El mileísmo fue una mala respuesta a una buena pregunta. La respuesta más idiota a la pregunta más genuina. Los demás desconocieron la pregunta, subestimaron a quien la hizo, no quisieron conectar y se desconectaron. El peronismo es una buena respuesta a una pregunta que ya nadie hace. Sin dudas, una respuesta integradora, lógica y humanista a una pregunta de otro tiempo. Los demás se preguntan y se responden entre ellos de manera cada vez más sofisticada, cerrada, de secta. Ninguno corre; ninguno puede decir “stop, dejemos de correr”, porque ellos no corren la coneja.
P/D
Ayer murió mi amigo José. Hacía mucho que no nos veíamos. Nos íbamos a ver mañana. corrió la coneja, peleó un montón, deliró al mundo entero. El chabón era muy creíble y algo querible. Perdió más de lo que ganó, pero siguió peleando. Fue muy importante en un momento de mucha desorientación en mi vida, no por los consejos, sino por lo ridículo que era todo. Papá luchón como pocos. No le gustaba cómo escribía, pero me dijo que un día tenía que hacer un libro con la historia de él y su hijo Lucas: “Cuando pase todo esto, escribí un libro con todo lo que vivimos”. Ya pasó todo esto. (30-01-26).



