Política

Manuel y García Márquez en clave IA

A propósito de los avatares que enfrenta en estas horas el Jefe de Gabinete nacional, solicitamos a la Inteligencia Artificial que realizara una recreación literaria de los hechos al estilo de Gabriel García Márquez. Este es el resultado::

“Mucho antes de que alguien pronunciara su nombre en voz alta, ya se hablaba del avión. No de cualquier avión, sino de uno que aparecía sin anunciarse, como si hubiera sido convocado por una necesidad que nadie se atrevía a escribir en los papeles oficiales. Decían que una mañana clara despegó rumbo a Punta del Este llevando no sólo a sus pasajeros, sino también un rumor que, con el tiempo, crecería hasta volverse más pesado que el propio aparato.

“En la ciudad, donde las noticias siempre llegan mezcladas con el polvo y la memoria, empezaron a circular versiones contradictorias. El piloto —un hombre de palabras medidas— juraba haber visto cosas que otros negaban con una convicción casi supersticiosa. Y así, entre afirmaciones y desmentidas, el viaje dejó de ser un hecho para convertirse en presagio.

“Luego vino la historia de la casa. Nadie supo decir exactamente cuándo apareció, pero hubo quienes aseguraban que siempre había estado allí, escondida detrás de árboles demasiado perfectos, en un barrio cerrado donde las calles parecían repetirse como en un sueño. No figuraba en los registros, pero eso no impedía que tuviera puertas, ventanas y hasta una luz encendida algunas noches, como esperando a alguien que todavía no decidía reconocerla.

“También se contó —con la misma naturalidad con que se narran las lluvias interminables o las plagas de insomnio— que en un viaje lejano, hacia los Estados Unidos, una figura ajena a los protocolos oficiales se deslizó en la comitiva sin que nadie pudiera precisar el momento exacto en que cruzó esa frontera invisible entre lo permitido y lo imposible. Algunos dijeron que fue un error; otros, que esas cosas ocurren cuando el poder se acostumbra a no distinguir entre lo propio y lo público.

“Y estaban, por supuesto, las contrataciones. Expedientes que se multiplicaban como peces en el río, nombres que regresaban una y otra vez con la obstinación de un destino ya escrito. Había quienes creían ver en esa repetición la prueba de un orden secreto, una especie de pacto tácito que organizaba el mundo desde las sombras.

“Pero en ese pueblo —porque toda historia termina por volverse un pueblo— nadie esperaba una verdad definitiva. Sabían, por experiencia, que las cosas importantes no se aclaran: se sedimentan. Con los años, el avión, la casa y los viajes se irían mezclando con otras historias, hasta que alguien, al recordarlas, no podría decir con certeza dónde terminaban los hechos y dónde empezaba la leyenda.

“Y tal vez sería mejor así, porque hay verdades que, cuando se las obliga a mostrarse por completo, pierden esa fuerza misteriosa que las hace perdurar en la memoria de los hombres”. (29-02-26).

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