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Técnicos del Gobierno y el campo analizan abrir y cerrar exportaciones de carne según la variación de los precios

Los técnicos del Ministerio de Agricultura siguen siendo los mismos por ahora pese al cambio del jefe de esa cartera, Julián Domínguez por Luis Basterra. Sin embargo, el dirigente peronista de Chacabuco (provincia de Buenos Aires) los puso en acción en un intento por resolver el conflicto por el cepo parcial a la exportación de carne vacuna. Ya entre 2009 y 2011 había sido ministro de Agricultura y como tal buscó apaciguar las tensiones relaciones entre el kirchnerismo y el campo tras la guerra por las retenciones móviles de 2008.

El miércoles se reunieron por primera vez los técnicos de Agricultura -como el subsecretario de Ganadería, José María Moreno- con los de la Mesa de Enlace -sus economistas, como Ezequiel de Freijo, de la Sociedad Rural Argentina (SRA)- y los de la industria frigorífica. Hoy se encontrarán por segunda vez. En el primer encuentro analizaron opciones para cumplir los deseos del Gobierno y de la cadena de la carne: por un lado, mantener los precios aquietados, como desde julio, tras la implantación del cepo, y por otro, volver a liberalizar todas las exportaciones, después de que se permitieran ya varias de ellas. Aún siguen limitados los envíos a China, que irrumpió desde 2019 como uno de los principales compradores en el mundo. Una alternativa en estudio consiste en levantar en forma total el cepo, pero establecer un mecanismo de monitoreo permanente de faena y precios en Agricultura -que ya tiene las herramientas de control necesarias- para evaluar con cierta periodicidad si se encarecen los cortes en el mercado interno y si entonces deben frenarse otra vez exportaciones de ciertos productos a determinados mercados.

La Mesa de Enlace -que integran la SRA, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Federación Agraria (FAA) y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro)- viene amenazando con medidas de fuerza contra el cepo y ha recibido esta semana el respaldo del gobernador de Córdoba, el peronista disidente Juan Schiaretti. También su par de Santa Fe, Omar Perotti, del Frente de Todos, aboga por una solución después amenazas de despidos en frigoríficos durante la campaña electoral.

Un cese de comercialización podría provocar una suba de precios, como la que impulsó apenas comenzó el cepo en junio. Por eso, en el Gobierno analizan que pactar con el campo puede que no le reporte más votos, pero una profundización del conflicto sí puede quitarle más sufragios de la población que cada vez come menos carne bovina, alimento emblemático del país. A su vez, en el Ejecutivo consideran que no pueden arriesgarse a calmar al campo abriendo la exportación y que eso encarezca los cortes de acá a las elecciones legislativas del 14 de noviembre. Por eso analizan abrir la canilla de los envíos al exterior, pero con la mano puesta sobre ella para cerrarla apenas adviertan subas de precios.

En el campo niegan en público un impacto de la exportación en los precios, pero sus técnicos lo reconocen en las reuniones privadas con el Gobierno. Admiten que hay un riesgo adicional de que las carnes suban no por la liberalización de ventas externas sino por la misma inflación que hay en la Argentina. El asunto clave es que no vuelva a pasar como antes del cepo: que los cortes más populares de la carne de vaca se encarezcan el doble que la inflación.

Después del encuentro de técnicos de este viernes, Domínguez recibirá el lunes a la Mesa de Enlace: a los presidentes de la SRA, Nicolás Pino, de CRA, Jorge Chemes, de FAA, Carlos Achetoni, y de Coninagro, Elbio Laucirica. El ministro ha acordado esta semana con su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que será él el encargado de llevar la negociación. Su antecesor, el formoseño Basterra, en cambio, dialogaba con el campo, pero se mantenía al margen sobre la cuestión crucial de los precios. De hecho, el cepo fue idea de la secretaria de Comercio Interior, la camporista Paula Español. Kulfas, aunque fue crítico del cierre de exportaciones en el kirchnerismo, lo aceptó e impuso como una medida temporaria para ordenar los precios, sobre todo en la campaña electoral y ante la escalada inflacionaria. Ahora el ministro de Desarrollo Productivo se ha corrido del debate.

En la reunión del lunes, la Mesa de Enlace le advertirá a Domínguez algo que él y Kulfas saben muy bien: que si el cepo se extiende mucho tiempo más, caerá el stock vacuno y eso repercutirá en un alza de precios. Ya ocurrió cuando Guillermo Moreno dominaba Comercio Interior en la era K. Eso también lo sabe el subsecretario Moreno, que elaboró el plan para liberar exportaciones sin que aumente el precio de la carne. En la Mesa de Enlace argumentan que las cámaras de los frigoríficos están abarrotadas con cortes que se envían a China y no se consumen localmente y que existe un gran stock de más de 200.000 vaquillonas, que son futuras madres, con lo que podrían liberarse las exportaciones y mantener abastecido el mercado local sin alteraciones de valor por lo menos hasta diciembre. Aseguran que una apertura traería divisas al país en tiempos de tensión cambiaria y aseguraría puestos de trabajo en riesgo en los frigoríficos exportadores. También alegan que la clave de fondo para que la gente coma carne consiste en combatir la inflación y mejorar el poder de compra de los salarios, pero esas dos asignaturas pendientes quedarán para otra mesa de discusión en la que no estará sentados ni Domínguez ni los grandes y medianos terratenientes y arrendatarios del país. (El Diario Ar).

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