Conociendo a Glen Hansard

Escribe Ramón Aiub
Cuando prendo la tele el jueves, lo primero que veo es la noticia del fallecimiento de Glen Hansard. Glen Hansard, recordaba ese nombre y ese rostro de un video de él tocando la guitarra en un pub en Dublín luego del funeral del músico irlandés Pete St. John. ¿Cómo que se murió Glen Hansard? Si apenas lo había descubierto hace un año nada más, y nunca vi más que esos videos caseros en ese pub. 56 años, aunque la barba lo hacía ver bastante más viejo. Accidente en moto al volver a su casa luego de, otra vez, tocar la guitarra en un pub. ¿Por qué es tanta noticia? ¿Quién es Glen Hansard?
Su vida bien vale la pena un pequeño relato. Por lo increíble. Por lo inusual.
A los 13 años habló con el director de su escuela. No quería ir más, quería tocar la guitarra en las calles de la capital irlandesa. Ganarse la vida con eso. Su padre no se portaba bien con su madre; a veces la maltrataba, a veces no volvía a dormir y otras veces volvía con amigos que se instalaban en su casa. Por eso, Glen, su madre y sus hermanos iban de acá para allá para escaparle al maltrato, de casa de familiar en casa de familiar. En una de esas casas estaba la guitarra de su tío preso, con la que aprendió a tocar. Luego del visto bueno del director, empezó su odisea musical callejera y, un tiempo después, cuando su tío fue puesto en libertad, comenzó a acompañar a su banda, como un guitarrista más, de pub en pub.
A los 20 años, mientras armaba su primer proyecto musical, The Frames, acompañó a un amigo a una audición para una peli. Alan Parker estaba preparando The Commitments, una peli sobre músicos. Cuando llegó, con la guitarra bajo el brazo, le dijeron: “Ahora te toca a vos”. Y él: “No, yo vine a acompañar a mi amigo”. “Dale, probá”. Y quedó, sin ninguna formación actoral, como el guitarrista de la banda que acompaña al protagonista de la peli. Después de eso, consolidó en Irlanda, la Irlanda de U2, a su banda The Frames, a puro rock alternativo con toques de folclore irlandés. Una de las principales bandas de Irlanda, pero, aunque cantaban en inglés, nunca pudieron trascender demasiado más allá de la verde isla. Hasta que, a fines de los 90, el matrimonio checo Irglova los contrató para un festival en República Checa. Otra mueca del destino se asomaba.
Allí conoció a Marketa, hija de los organizadores, música, y de la cual Glen quedó muy impresionado, y alentó y acompañó en su temprana carrera musical, y con quien unos años después encaró un nuevo proyecto, el dúo acústico The Swell Season. Mientras, John Carney, bajista de The Frames en la primera etapa, preparaba su ópera prima, una peli sobre las desventuras de un músico callejero en Dublín, y claramente le pidió a Glen y Marketa que compongan la música. Cillian Murphy protagonizaría el film; Marketa Erglova lo acompañaría. Sin ser actriz.
Cillian Murphy no pudo filmarla, y Glen Hansard tomó su lugar. El resultado final es una joya de menos de hora y media llamada Once, del año 2006, filmada sin actores profesionales y con una autenticidad y una profundidad que (para los que nos gusta la música y tocamos de oído en ese mundillo aún más) justifican verla. Está en YouTube, con subtítulos o en español.
Ellos compusieron la música original de la peli, y la canción Falling Slowly ganó el Oscar a la mejor canción en 2007. La carrera de Glen Hansard, ahora sí, se expandió vertiginosamente, al menos en Europa y EE. UU. Su música se propagó por todo ese hemisferio. Siguió unos años más con Marketa Erglova y luego comenzó su prolífica carrera como solista, que alternó con The Frames, banda que, además, nunca dejó de acompañarlo. Glen Hansard dijo una vez que, para que el esfuerzo cumpla sus objetivos, debía también acompañarlo la suerte. Y su carrera parece confirmarlo, a pesar de su trágica muerte a los apenas 56 años.
Hasta acá la historia de un músico más. ¿Por qué contarla entonces, y además, de un desconocido en estas pampas?
Lo que más me cautivó de su historia es la manera en que la llevó adelante. Nunca, nunca, dejó de tocar en la calle. Cada año, para Navidad, se juntaba en el centro de Dublín con un sinfín de músicos de todo tipo de fama para concientizar sobre las personas que viven en la calle y recaudar dinero para contrarrestar ese perjuicio. Llamó la atención de Bono, que lo acompañó en esos eventos, obligándose a despojarse de la seguridad y toda esa parafernalia que acompaña a los rockstars. Pero incluso se lo podía ver en las calles de alguna ciudad de Sicilia tocando, con el estuche de su guitarra abierto para juntar unas monedas, como cuando tenía 13 años. Nunca dejó de ser ese joven músico callejero.
Durante su funeral, el discurso fue monótono. Compañero, amigo, músico que siempre hizo sentir a los otros como un igual. Generoso con los otros, despojado de toda fama y todo peso, que podía andar por su ciudad sin ser acosado, molestado. Recorrer pubs y tocar con quien allí estuviese, sin prejuicios. Autodidacta. Enamorado de la música. Enamorado de tocar.
Apenas si ahora su muerte me hace empezar a descubrir su obra. Escribió cosas hermosas. Pero no más que la de otros músicos. Sin embargo, su historia es distinta. Y eso sí que me cautivó. Y no es necesario entender sus letras. Sin ese ruido, su música cala mejor.
Se toca como se vive. Glen Hansard es uno de los que sí pudo hacerlo. (07-08-26).



