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“Sabes que podría patearte el trasero, ¿no?”: de competidores feroces a “hermanos”, la intimidad de la relación entre Kobe Bryant y Michael Jordan

La leyenda de Los Ángeles Lakers siempre quiso ser como Su Majestad: lo imitaba y le quería ganar. Se enfrentaron ocho veces, pero una charla entre ambos sirvió como disparador de la explosión de Kobe, que murió ayer en un accidente aéreo

POR JULIÁN MOZO (*)

“Hey Mike, ¿cómo estás? ¿Todo bien? ¿Vos sabés que yo podría patearte el trasero en un 1 vs 1, ¿no?” La esperada reunión que Michael Jordan había aceptado recién empezaba. Llevaban segundos cara a cara, sólo se habían estrechado las manos, cuando un insolente Kobe Bryant le dijo a su ídolo lo que pensaba, lo que sentía en ese momento. El mejor de todos los tiempos sólo atinó a sonreír. Ya retirado, con nada por demostrar, prefirió dejar de lado su ego y respondió de forma inteligente. “Seguramente así sería. No estoy jugando hace un tiempo…Pero acá lo importante es que podemos charlar para que aprendas de los errores que yo cometí”, le dijo Su Majestad, quien se sentía identificado en muchas cosas suyas que veía en Bryant. Los ojos de Kobe, todo según Phil Jackson, en una anécdota que describió en su libro Once Anillos y luego amplió en un par de entrevistas, se agrandaron. Su referente le estaba abriendo las puertas para que fuera mejor, algo que consideraba improbable. Por eso, durante ese cónclave que se mantuvo bajo siete llaves, él también se abrió para escuchar a Jordan y su experiencia antes de empezar a ganar.

Fue una tarde de noviembre de 1999. Jackson llevaba apenas cuatro meses como entrenador de los Lakers, que justo jugaban en Chicago… Phil había sido contratado (en junio) para potenciar un equipo que tenía dos superestrellas, pero venía de ser barrido en primera ronda de playoffs ante los campeones Spurs. Algo fallaba. Y el Maestro Zen, formador de dos equipos tricampeones en Chicago, tenía un diagnóstico. O varios. Uno de los más importantes era sobre el 24. Su apabullante calidad y desesperación por ganar le estaban jugando una mala pasada. No confiaba en sus compañeros. Phil esperaba que MJ le pasara su sabiduría a un Kobe que lucía rebelde e incontrolable. “Necesito que le hables sobre ser paciente y dejar que la ofensiva fluya hacia él en vez de forzar las acciones, también que le expliques sobre el ataque triangular y le cuentes cómo fue tu experiencia hasta el primer título”. Se lo pidió Phil a MJ, recordando aquellos tiempos en los que el coach logró ese mismo proceso en Jordan, quien estuvo frustrado durante muchos años (no fue campeón entre 1984 y 1991, pese a ser el mejor de la NBA en muchas temporadas), sobre todo sin poder entender por qué los compañeros lo ayudaban tan poco. El sistema de juego del entrenador y el click mental modificaron la historia de MJ. Eso mismo pensaba Phil para Kobe. Y, justamente, eso pasaría luego de esa reunión. De a poco, Bryant fue modificando patrones y los Lakers se transformaron en imparables, ganando un tricampeonato entre el 2000 y 2002.

Claro, pero esa vez no fue la primera que estos dos animales de la misma especie se encontraron en su vida. Dos carreras que están conectadas por la admiración y devoción que Kobe siempre sintió por Jordan. Desde muy chiquito. Mirándolo por TV desde Italia o, ya en su regreso a Estados Unidos (en 1991), en su casa de Filadelfia. Cada movimiento que le veía, iba a los playgrounds o a los entrenamientos del secundario Lower Merion y los imitaba. Hasta que no le salían, no paraba. Eso fue una constante, incluso cuando ya estaba en la NBA (desde 1996). Era capaz de mirar una y otra vez los videos de MJ. Y de copiar todo, desde gestos (como sacar la lengua, protestarle a los árbitros o abrir los brazos en señal de “estoy imparable”) hasta jugadas y movimientos. Y hasta que no le salía, no paraba. Por eso son impactantes los videos que se han viralizado marcando las similitudes en el juego y en el comportamiento de ambos.

Kobe, supo, cuando disputó los primeros partidos con la camiseta N° 8 de los Lakers, que tenía el talento suficiente para deslumbrar en la NBA. Y para enfrentarse a su ídolo. Por eso, en el calendario, marcó con rojo los dos duelos que tendría con los Bulls de Jordan. Justamente MJ pasaba el mejor momento de su carrera y el equipo era el que dominaba la NBA. El primer duelo fue en 1996. KB buscó medirse con MJ. Creyendo, fiel a su mentalidad, que podía superarlo. “En mi mente creía que podía destruirlo. No me importaba tener 18 años, quería sangre”, admitió años después en el conocido podcast del coach Geno Auriemma. La realidad le demostró que le faltaba bastante… Jordan brilló en aquella noche en el United Center: anotó 30 puntos y los Bulls, bajo su influjo, metieron un parcial de 33-15 en el último cuarto para ganar en suplementario por 129-123. ¿Kobe? Apenas cinco puntos en diez minutos. Nunca olvidó la primera jugada en la que Su Majestad recibió y lo hizo ver mal con un amago y conversión. “Volví a defender con una sonrisa, diciendo ‘esto lo vi mil veces, no puedo creer que yo también caí en su trampa’. Ahí entendí que debía trabajar mucho más para estar a su altura y, desde ese día, cada vez que lo enfrenté quise ver cómo respondía a su juego”, aceptó la Black Mamba.

Al próximo juego, Kobe ya estaría mejor preparado. Fue el 17 de diciembre de 1997, en Chicago, cuando anotó 33 puntos y realizó algunas grandes acciones contra su ídolo. Fue, para él, un partido bisagra, admitiría más tarde, porque supo que estaba a la altura de su gran referente. Más allá de que MJ metiera 36 y los Bulls volvieran a ganar, como un año atrás. Ese partido, los enormes recursos de Kobe, su progresión mes a mes y las similitudes entre ambos hicieron que la prensa empezara a hablar, como había hecho antes con otros jugadores (Harold Miner, Grant Hill, entre otros), del “nuevo Michael Jordan”. Kobe se agrandó, a su manera, y a MJ se le picó el ego. Así fue que los duelos se hicieron más picantes, con Bryant creciendo y con Michael buscando responder en cada ocasión para no dejar crecer al ¿nuevo MJ?

Así fue que se empezó a dar un natural ida y vuelta entre el rey y el príncipe, el dueño de la corona y el heredero al reino. Kobe, en un intento de seguir copiando cosas del juego de MJ, le preguntó durante un partido de 1998 sobre cómo mejorar la clásica jugada de poste bajo que Jordan había convertido en marca registrada. “Primero tenés que sentir al defensor con tus piernas y, en ese momento, sabrás para qué lado tenés que girar”, fue el tip del 23. Kobe, entonces, no paró de entrenar el movimiento y empezó usarlo en los partidos. Incluso contra el maestro. Hasta hacerlo igual que su ídolo, como pueden ver en estas dos fotos…

Kobe dejaba claro dos cosas: tenía el talento y la dedicación para ser la mejor copia posible de MJ. Y Jordan, de a poco, empezó a aceptar. Y a disfrutarlo, no sin las chicanas lógicas de dos tipos muy competitivos. El All Star de 1998 fue el escenario ideal para ratificar su silenciosa rivalidad. Todo el tiempo se buscaron y desafiaron. MJ sumó 23 puntos, ocho asistencias y seis rebotes. Y Kobe no fue mucho menos: 18 tantos y seis recobres. Ganó el Este, el equipo de Jordan, y Michael resultó otra vez el MVP. No se lo iba a dejar a su pupilo, eso seguro…

Para encontrar el siguiente duelo dentro de la cancha hay que saltar al 2001, más de dos años después de aquella reunión cuando Jordan estaba retirado. Claro, lo que pasó fue que MJ decidió volver a jugar a los 38 años. Ya no era el mismo, pero le quedaba balas en la cartuchera. Kobe lo estaba esperando con su mejor versión. Fue en febrero del 2001, cuando los dominantes Lakers se lo dieron vuelta a los Wizards de Jordan (ganaban por 20) gracias al triple doble de Bryant (23 puntos, 15 asistencias y 11 rebotes), dejando en un segundo plano a su ídolo, autor de 22 tantos, seis asistencias y cinco rebotes. La revancha de KB24 había comenzado… Como lo demostró pocos días después en el All Star del 2002, en Filadelfia, cuando se llevó el MVP en la cara de MJ tras sumar 31 puntos. Jordan, a punto de cumplir 39, sumó apenas ocho tantos. La Black Mamba no perdonó a los Wizards en abril del 2002, cuando Michael sólo pudo jugar 12 puntos y anotó dos puntos. A Kobe le alcanzó con poco: 14 puntos y seis asistencias en la paliza de los Lakers.

La rivalidad siguió en la siguiente temporada (02/03), cuando Mike anotó 25 puntos y Washington al fin pudo ganarles a los angelinos, que tuvieron a un Kobe errático (39% de campo) para encestar 27… Pero, sin embargo, la historia estuvo en sus diálogos que años después, en un podcast, contaría Gilbert Arenas, quien en ese momento era rookie de los Wizards. “Cuando terminó el partido, MJ le regaló las zapatillas a Kobe. Pero, cuando se iba, le dijo: ‘podés usarlas, pero nunca las vas a llenar’”, en clara alusión de que nunca sería como él. Pareció un chiste, pero Kobe no lo tomó así. El castigo verbal de MJ siguió en lo que sería su último All Star, en febrero de 2003. Cuando Bryant le habló sobre su capacidad para definir partidos y Jordan volvió a referirse al tema que más golpeaba al pupilo en una frase que se escuchó por TV: “No podés hablar. Vos tenés tres campeonatos y yo, seis…”.

Kobe preparó una nueva revancha y el día llegó el 28 de marzo de 2003. Se desquitó con 55 puntos en la cara de su ídolo. De forma salvaje. Contra apenas 23 de un Jordan que ya había cumplido los 40 y estaba en su epílogo en la NBA. En total, fueron ocho partidos entre ellos, aunque lo más importante es que ninguno se dio con ambos en su mejor momento. Cuando Kobe llegó a la liga, MJ estaba en el pico pero su discípulo era casi un adolescente. Y cuando Bryant explotó, MJ había vuelto de un retiro de tres años y ya era otro…

Está claro que, más allá de los cautivantes parecidos entre ambos, algo que nunca se vio entre dos estrellas, la relación entre ambos tuvo muchas historias hermosas, duelos picantes y mucha rivalidad, pero también gran respeto y admiración mutua. Además, tuvieron una persona en común que les cambió sus carreras. Phil Jackson es quien más sabe de los dos. Ganador de 11 anillos como DT, 6 fueron con MJ y 5 con KB. Y, como gran conocedor de ambos, dio su opinión y hasta se animó a compararlos en su libro. “Kobe, creo, tuvo más dedicación para trabajar, pero Jordan fue superior como jugador y, además, un mejor líder. Incluso también fue más fácil de dirigir”, aseguró. Y se refirió, además, a lo que Jordan significaba para Bryant. “Tenía una obsesión con él, quería superarlo a toda costa. Buscaba ser el mejor jugador de la historia e incluso les decía a sus compañeros que iba a ganar 10 anillos… Era muy testarudo”, contó el entrenador.

Hoy, con la trágica muerte de Kobe, Jordan mostró su lado más humano y dejó claro que, más allá de momentos de celos, envidias y rivalidades, su relación fue especial y única. “No hay palabras para describir mi dolor. Amaba a Kobe, era como un hermano menor para mí. Solíamos hablar seguido, lo voy a extrañar. Era un competidor feroz, uno de los más grandes, una fuerza creativa y un papá increíble”, escribió MJ en un comunicado de prensa. Así, de Su Majestad a la Mamba Negra. Dos cracks que fueron tan parecidos en tantas cosas que puede asegurarse que se trataron de dos animales de una misma especie, de dos mellizos de una misma familia: la del talento sobrenatural, de la estética en el juego, de la competividad feroz, de la mentalidad avasallante y del trabajo incansable. Una historia para recordar y emocionarnos.

(*) PERIODISTA DORREGUENSE – NOTA PUBLICADA EN INFOBAE.

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