Lo que queda / Por Carlos Madera Murgui
En una columna atravesada por la memoria, el dolor y la preocupación por el presente argentino, el periodista de LA DORREGO reflexiona sobre las políticas del gobierno de Javier Milei, las heridas que dejó la última dictadura y las responsabilidades de una sociedad que no siempre aprendió de su historia. Un texto sobre lo perdido, la dignidad y la necesidad de defender la democracia.
Esta semana escuche algo muy breve, apenas una frase: “Quiero que me devuelvan mi país”.
Esas seis palabras rebotaron intensamente en mi interior, en una zona que no es ni muy personal ni muy original, creo que es una zona compartida con millones. Queremos que nos devuelvan nuestro país, lo cual no significa nada desestabilizador, como estilan decir ahora ante la crítica política.
Las bestias en funciones se han ocupado de que las voces opositoras callen, dirigentes, periodistas, organizaciones, pueblo, dejando un mínimo cupo para cumplir o comprar presuntos modales políticos e institucionales por los que tanto reclamaban y de los que hace casi tres años después demuestran que carecen por completo. Que son, gente emocionalmente tosca, moldeada al uso de esos artefactos que creó el dinero para multiplicarse por generación espontánea y se llama servilismo corporativo.
Lo hemos visto ya muchas veces, llevado a cabo ahora con otros métodos, modernos, sofisticados. Hemos visto y quedó clarísimo que este gobierno no quiere proteger el consumo ni quiere defender a los consumidores, que por el contrario quiere destruir lo más rápidamente el consumo interno, porque eso es exactamente lo que hacen las decenas de miles de despidos públicos y privados. No quieren evitarlo, lo buscan. Cuando describen el ajuste estatal, niegan en ese esquema, que la mitad del país no habla su idioma y en consecuencia debe ser suprimida del imaginario nacional.
Los despidos en el sector público, que recubrió (y lo sigue haciendo la LLA y sus socios PRO y UCR), junto al desguace de estructuras gubernamentales de anclaje poblacional y repetido como logro por eunucos periodísticos de variado pelambre, son solamente el paso necesario para cambiar el paradigma inclusivo por el Estado, en el que se chilla contra la corrupción del gobierno anterior mientras ponen a sus investigados por lavado de dinero en la Unidad que investiga el lavado de dinero. No hay mucho más que explicar, las noticias de las últimas horas van en esa dirección. Son los mismos, empleados de los mismos jefes invisibles que juegan en todos lados, rediseñando la región para ponerla al servicio de las corporaciones.
Sigo escuchando a personas que piensan que a Milei no se le puede reprochar que haya mentido en la campaña. Que los que lo votaron sabían a qué se exponían. Es como reconocerle cierta honestidad intelectual.
Me impresiona que hayamos perdido la dimensión enloquecedora de la contradicción. La borran quienes cuentan y la borramos de nuestra percepción.
Me conmovió la frase “Quiero que me devuelvan mi país”, porque me envió directamente a 2001. Se moría la industria nacional. Se venía el corralito. El sufrimiento era una nevada que caía copiosa sobre los argentinos, como en “El Eterna uta “. Escuché y leí entonces “Hoy hay un nudo de angustia instalado en las calles, en las casas, en los trabajos. Algo se nos fue de las manos. Aquel país de las maravillas nunca fue realmente un gran país. Era módicamente maravilloso en sus virtudes, y maravillosamente módico en sus vilezas. Ese país también parece ir hacia ahí, y claro como siempre con todos nosotros adentro, porque ahora todos somos nosotros. Los otros son muy pocos.
Confundimos la verdad con la contradicción.
Cuando por estos últimos días, vivimos un hecho penoso, altamente angustiante, pérdida de un ser querido, sentimiento de familia, legado granítico por donde pasaba la cosa, reflexioné con un tremendo dolor sobre este tema, por lo perdido, por lo jugado, por lo justo.
A pesar de ser una persona de memoria selectiva, como todo humano, que no prefiere, no puede o no quiere acordarse de ciertas cosas, me detuve a hurgar en una visión retrospectiva sobre días idos. Recordé el movimiento mundial desde el mayo francés y todo su intelecto (con curiosa y alentadora actualidad, donde un país quiere ser vivido, y no visitado) desde el acceso a distinta lectura claro, en una juventud donde la chapa pasaba por eso, por estar informado, ser un tipo culto, preocupados en la profundidad de pensamientos, soñando con la universidad, meca de las capacidades, acompañado por amigos en la misma, gente sana, que me aporto mucho de lo suyo, como debe ser la amistad. Desde la ilusión de una generación, pensante, comprometida, con creencias, de variada mirada, con un perfil humanista, algunos en acción católica, en clubes deportivos, biblioteca, bar, con toda la pasión que brindan, o brindaban los años jóvenes, con proyectos disimiles que a varios no se los trunco la vida.
No hay que dejar de pensar en esos comentarios actuales y tomarlos en cuenta, muy en cuenta, no porque la horda asesina haya tenido éxito, que vaya si lo tuvo, sino por qué nadie hace nada solo, de la magnitud de estas bestias delincuentes en ningún lugar del mundo, menos en nuestro país, y mucho menos aún en nuestro pueblo. La complicidad sin comillas de gran parte de los habitantes, avaló la dictadura militar, civil, eclesiástica asesina, desbastadora de toda una generación, donde todo tuvo su inicio, algunos salvaron su vida, pero no su dignidad, su pensamiento, su futuro, sus proyectos, su alma. Mataron familias enteras, por pensar, por leer, por estudiar, por discernir, por existir. Los que quedaron, vivieron marcados, perseguidos para siempre, en un envase vacuo, desierto, que no valdría la pena nunca más. Expresiones dominantes como los fisiócratas vernáculos, jamás pasan de moda, y sostuvieron con todas sus fuerzas las andanzas feroces y terriblemente sangrienta de los milicos, sin movérseles un pelo cuando muchos años después, hablan de que la lucha está en el congreso, el mismo que se les ocurría disolver no mucho antes, que ahora los tiene como protagonistas, eso sí con una entrada mensual, un tanto más interesante. Como dirigentes de toda índole, que ocuparon puestos en municipalidades y gobernaciones, colaboracionistas del Proceso de Aniquilación Nacional, gente que todavía anda entre nosotros y que nuestra racionalidad no discrimina; pero no seamos tan ilusos, de pensar que cambiaron, que su pensamiento es otro. No lo dicen abiertamente, pero las expresiones públicas y no públicas de un amplio sector de la población, la nuestra y la del país, sigue pensando que esto se arregla encerrando, persiguiendo, discriminando, prohibiendo, matando.
La delincuencia económica, judicial, sistemática, en la sombra democrática, planeada desde otros lados asistió a grupos que hoy subsisten más fuertes que nunca, y que se regodearían con una vuelta a los viejos tiempos, (y donde los discursos del presidente son muy claros y reminiscentes donde maltrata e insulta a diario a sus gobernados), cuando se aniquilaba a quien estuviese molestando, porque no era compatible con los lineamientos de la reconstrucción nacional. No lo hicieron solos, pero somos un pueblo con experiencia, las heridas no cierran para muchos de nosotros, los indemnes siguen al acecho. Sabemos que hay caminos que nos alejan de la democracia, también sabemos que vivir en una república es lo mejor que hemos hecho los argentinos y los costos pagados serán eternamente recordados, pues nos asegura la idea sobre libertad, alcanzar la auténtica igualdad de derechos y oportunidades, el espacio de la diversidad, el respeto mutuo, las diferencias de todo tipo. Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda la dictadura militar fue el más terrible drama que en toda su historia sufrió la nación argentina, pero que servirá para que la fuerza del pueblo en democracia nos haga comprender que solo este sistema, es capaz de preservarnos de semejante horror, mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Con mucha tristeza y dolor seguiremos hablando de ello y recordaremos todos los días, algunos con más impotencia, desazón y rabia que otros, como lo de la semana anterior, codo de una historia jamás olvidada. Crónica de un destino anunciado, serviría como comparación si no estuviera la palabra muerte. Seguiremos firmes: ni olvido, ni perdón, memoria, verdad y justicia y que sirva para algo, al menos para recordar el valor de la dignidad y pugnar por ella.
www.testigosdeprivilegio.blogspot.com.ar (27-10-26).



