(Entrevista en LA DORREGO) Casa Larrouy abrió las puertas de sus 110 años de historia con un museo

Casa Larrouy celebró sus 110 años de trayectoria en nuestra ciudad con una noche cargada de emociones y recuerdos, que tuvo como uno de sus momentos destacados la inauguración de un museo en la planta alta del local. El nuevo espacio reúne parte de la historia de una firma que atravesó generaciones y supo adaptarse a los cambios comerciales y sociales.
En diálogo con LA DORREGO, Carolina Codagnone, actual responsable del negocio, repasó su vínculo con la casa familiar, las transformaciones que debió afrontar a lo largo de los años y los desafíos de sostener una actividad tradicional en un contexto muy diferente al de sus comienzos.
Su relación con el comercio empezó mucho antes de incorporarse formalmente. Desde chica, junto con su hermana y sus primos, colaboraba después de la escuela con distintas tareas: envolver regalos para los casamientos, desenvolver los paquetes que llegaban, realizar inventarios y preparar moños.
A los 21 años comenzó a trabajar de manera estable en la administración. Entre sus primeras responsabilidades estaba recorrer los cuatro bancos con los que operaba la firma para controlar movimientos de dinero y cheques.
Carolina recordó con humor una anécdota de aquella época: una clienta le preguntó a su tía cuándo trabajaba realmente, porque pasaba toda la mañana recorriendo la ciudad. La respuesta fue que ya tendría tiempo de quedarse dentro del negocio. Con los años, aquella predicción se cumplió: hoy sus salidas son mucho más breves.
Cuando Carolina se incorporó, Casa Larrouy funcionaba con dos sectores bien diferenciados: de un lado, la joyería; del otro, el bazar. La planta alta, donde actualmente se encuentra el museo, se utilizaba como depósito y guardaba una importante cantidad de mercadería.
La oferta incluía vajilla, bandejas, copas, muebles y artículos de iluminación, además de una intensa actividad vinculada con las listas de casamiento. Eran otros tiempos, en los que se compraban varias unidades de cada modelo y los regalos formaban parte de las celebraciones familiares.
Sin embargo, la inflación, las sucesivas crisis económicas y los cambios en los hábitos de consumo obligaron a modificar el negocio.
Uno de los momentos más difíciles fue la crisis de 2001. Tras el fallecimiento de su tía, Carolina quedó al frente de la actividad y debió tomar decisiones para sostenerla. La aparición de comercios que ofrecían productos a precios muy bajos, junto con el cierre de fábricas nacionales de cristalería y cerámica, afectó especialmente al rubro del bazar.
Con el paso del tiempo, también disminuyeron las ventas asociadas a los casamientos y las tradicionales listas de regalos. Las nuevas formas de celebrar y regalar fueron transformando aquella costumbre.
Finalmente, en 2010 decidió abandonar el bazar e incorporar una línea de indumentaria de la marca Mauro Sergio, una alternativa para renovar la propuesta comercial y adaptarse a las nuevas circunstancias.
“Los tiempos nos hacen ir cambiando, modernizando o incorporando cosas, tratando de salvarlo de alguna manera”, explicó.
La relojería es otra de las actividades que forman parte de la identidad histórica de Casa Larrouy. Carolina recuerda haber visto trabajar a su abuelo en el taller de orfebrería, especialmente cuando realizaba grabados con sus lentes de aumento.
También conserva recuerdos de las máquinas que funcionaban en el fondo del local, entre ellas una estiradora de metales que, durante su infancia, utilizaba como parte de sus juegos.
Aunque no se dedica a la reparación de relojes, conoce de cerca ese oficio y sus dificultades. Actualmente, en el comercio realiza tareas sencillas, como cambiar pilas o mallas, mientras que los arreglos más complejos deben derivarse a especialistas.
En tiempos de predominio de la tecnología digital, reparar un reloj analógico puede resultar complicado por la falta de repuestos. Muchas piezas dejaron de fabricarse y las que todavía se consiguen pueden tener un costo elevado.
No obstante, Carolina observa que la reparación vuelve a cobrar importancia ante el precio de los productos nuevos. También considera que la atención personalizada y la garantía siguen siendo factores que algunos clientes valoran al elegir un comercio tradicional.
A lo largo de su historia, Casa Larrouy trabajó con marcas de relojería reconocidas, como Citizen, Omega, Tissot y Rolex. Sin embargo, las dificultades para acceder a determinados productos, los cambios en la distribución y el crecimiento de las compras por internet modificaron ese escenario.
Carolina explicó que hace más de 20 años dejaron de recibir viajantes de algunas de esas marcas y que debió buscar alternativas para continuar ofreciendo productos y competir en el mercado.
También reconoció que decidió no incorporar relojes inteligentes. “Con la tecnología no me llevo muy bien”, comentó, al explicar que prefirió concentrarse en los rubros que conoce y puede atender de manera directa.
Frente a las compras online, destacó la importancia de contar con un lugar al que acudir cuando un producto presenta una falla o necesita una solución. La posibilidad de ofrecer una garantía y acompañar al cliente continúa siendo, desde su perspectiva, una diferencia importante del comercio tradicional.
Consultada sobre la continuidad de Casa Larrouy, Carolina fue sincera: no imagina necesariamente una nueva generación al frente del negocio cuando ella deje la actividad. Sus hijas tienen sus propias profesiones y trabajos, y considera importante que puedan desarrollar sus proyectos personales.
En su propia historia, la formación profesional tuvo un papel fundamental. Fue su tía Celia quien la impulsó a estudiar docencia, una posibilidad que inicialmente no la entusiasmaba. Finalmente, después de la jornada comercial, asistía a clases hasta las 23 para completar su carrera.
Actualmente combina ambas actividades: atiende Casa Larrouy y trabaja como docente, una faceta que muchos clientes desconocen y que, en ocasiones, explica por qué el comercio no está abierto en determinados horarios.
Al mirar hacia atrás, reconoció que hubo momentos en los que pensó en cerrar. En esas circunstancias, el respaldo de su familia y de sus amigos fue decisivo para continuar.
“Es importante el apoyo de la familia, de los amigos, de los que nos apoyan todos los días”, expresó.
La inauguración del museo representa una nueva manera de compartir con la comunidad el recorrido de Casa Larrouy. El espacio recupera objetos y testimonios de distintas épocas y permite acercarse a la historia de un comercio que acompañó durante décadas la vida cotidiana de los dorreguenses.
Carolina invitó a quienes quieran conocerlo a acercarse mientras el negocio permanezca abierto. Debido a que también cumple tareas docentes, no estableció un horario fijo para las visitas, pero aseguró que recibirán a los interesados y les ofrecerán una breve explicación del recorrido.
La nota, aquí:
16-10-26



