LA DORREGO

“Te das cuenta lo frágil que es la vida y que todo puede cambiar en un segundo”

Ana Di Marco es dorreguense y se radicó en Inglaterra en 1998. Fue diagnosticada con Covid 19. “Recién empecé a tener una mejoría 7 semanas después de los primeros síntomas”, admitió a ECOS DE MI CIUDAD.

Por Pablo Javier Marcó

Ana Di Marco es dorreguense y se radicó en Londres, la capital de Inglaterra, donde vivió 8 años. Ahora reside en una isla llamada Canvey Island, en Essex, al sureste, ubicada a 50 kilómetros de Londres. Vive allí junto a su marido Albert y a su hija menor Lilly-Rose.

“Comencé con síntomas de fiebre, fatiga, dolores de cabeza y muscular a principios de marzo, cuando recién China había publicado esto del virus”, dijo al semanario Ecos de mi ciudad.

“Pensé que eran síntomas de una gripe, ya que en ese entonces se hablaba que los primeros síntomas del virus era una tos seca y en ese entonces no tuve nada de tos. Tomé antigripal e, igualmente, fui a trabajar esa semana”, relató.

Añadió que al quinto día iba a trabajar desde su casa y cuando despertó, no se podía mover. Tenía 40 grados de fiebre y mucho dolor muscular. Estuvo en cama cinco días y los síntomas no mejoraban. Incluso, la fiebre no le bajaba con Paracetamol.

“Al día siguiente perdí los sentidos del gusto y olfato y ahí es cuando llamé por teléfono a el número de emergencias y un especialista me llamó para darme un diagnóstico clínico. Para ese entonces, aquí, había comenzado la cuarentena y no se hacían más análisis. El diagnóstico fue que era extremadamente probable que había contraído el virus”, dijo.

“Me recetaron antibióticos y que nos aisláramos por 14 días. Pasaron las dos semanas y seguía aún con síntomas y ahí comencé con una tos seca. Llamé a emergencias y el especialista me aconsejó que siguiera con el aislamiento, que los síntomas que presentaba eran de un caso severo de Covid-19 y que podían llegar a durar hasta 8 semanas, pero que me iba a recuperar”, destacó.

De todos modos, le aclararon que si se agravaban los síntomas y presentaba problemas al respirar, debía ir al hospital.

“Estuve unos días en los que me agitaba hasta para hablar y bajar las escaleras, y ahora también con dolor en los pulmones. Recién empecé a notar una mejoría luego de 7 semanas”, añadió.

Aseguró que la semana pasada le hicieron análisis, porque aún siente puntadas el pulmón derecho, y experimenta fatiga algunos días.

“Los análisis salieron bien y el lunes (de esta semana) me dan los resultados de la radiografía. Es posible que me hayan quedado secuelas de una neumonía”, admitió.

Vivir con coronavirus

Ana reconoció que cuando le confirmaron que tenía Covid 19, no se sorprendió porque intuyó que no se trataba de una simple gripe.

“Estaba algo preocupada por la poca información y hasta la desinformación, que cambiaba día a día. El saber que solamente me atenderían si tenía problemas para respirar, que esperara a mejorarme sola o no básicamente. En realidad, en esos momentos te das cuenta de que la vida en sí es tan frágil y que todo puede cambiar en un segundo. Me sentí muy impotente al no poder estar al frente, ahí, ayudando a los más afectados”, admitió.

“Sentí mucha compasión por aquellos que estaban en el hospital con respiradores, sin poder ver a sus familiares solitos, por los que no pudieron cuidar y acompañar a los suyos en ese momento antes de partir de este mundo. También por la cantidad de gente desempleada o que perdieron sus negocios a causa del lockdown (confinamiento) del país”, se lamentó.

“Es muy triste, pero en medio de todo el caos sentí en todo momento la presencia de Jesús y es en esos momentos cuando uno entiende que la salvación está en nuestra fe y que la muertes es parte del Plan Divino, así como el miedo y el pánico es lo que, precisamente, enferma más a la gente”, reflexionó.

“También sentí mucha solidaridad y unidad, mucho amor por parte de grupos de oración que rezaban por mi pronta mejoría, mensajes, llamados. Estoy inmensamente agradecida por tanto amor. Es un sentimiento único que mueve montañas y se siente, no importa donde ni lo lejos que estés”, subrayó.

Sentido común y buena información

Cuando se le preguntó qué consejo o sugerencia podía darle a las personas para prevenir, fue contundente: “Que la gente se cuide usando el sentido común. Que se informe y cuestione las fuentes de información. También que no tenga miedo porque eso paraliza.
Que utilicemos este tiempo de cuarentena para reflexionar y formar parte del cambio”.

También pidió decir las palabras del Papa Francisco y de la investigadora Jane Goodall. “El Papa pronunció un discurso maravilloso hace un par de días en el que dijo: ‘La naturaleza nos está pagando por nuestro desprecio hacia el mundo natural, nuestra separación’, recuerda”.

‘”Así que creo que esta pandemia está despertando a la gente. Ahora todos están en casa, quizá tienen tiempo para leer sobre cómo empezó, cómo saltó de un animal a una persona y para comenzar a pensar en otras maneras de vivir’, agrega”, agregó.

Pero es difícil saber qué papel tiene cada uno en esta lucha contra la destrucción de la naturaleza. “Cada uno de nosotros provoca un impacto. ¿Qué comemos, de dónde viene, causó sufrimiento animal?”, se pregunta, e incluso propone simples cambios al alcance de todos como caminar en lugar de usar el coche.”

Por último, Ana efectuó “un agradecimiento al Padre Esteban (Casquero) y a su grupo de oración y al grupo de la parroquia de Dorrego también”.

“También un saludo especial a mi madrina Nené Stazzonelli, que me acompañó a la distancia día a día. Ella es mi gran inspiración y ejemplo de vida, y a quien adoro con toda mi alma”, completó. (Ecos de mi ciudad).

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2 comentarios

  1. Testimonio claro y elocuente. Te recuerdo con cariño Ana Lucrecia., a vos a tus padres,y a las charlas entre mates de Kuki y Nené . La mejor recuperación! Un abrazo desde Mar del Plata. Teresa Vidal de Jalle

  2. Ana te conocía de chiquita, y tus papis Hugo y Kuki me conocían a mí de chiquita o sea toda la familia Dimarco….me alegro te estés recuperando y te mando un fuerte abrazo a la distancia!!! Raquel Ana Yezzi.

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