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En trigo y cebada, el que hizo los deberes se defendió mejor de la sequía

Los cultivos se sembraron con los perfiles cargados, pero después casi no llovió durante tres meses. Los que apostaron a la rotación y al ajuste fino del paquete tecnológico resistieron mejor la crítica falta de agua.

Si bien aún quedan algunas hectáreas por cosechar, el trigo argentino está cerrando una campaña en la que hubo mucho entusiasmo a la siembra porque se puso primera con los perfiles bien cargados, pero después se desinflaron las expectativas por la falta de agua y se temió por un escenario más complicado. Sin embargo, al entrar las cosechadoras a los lotes el resultado no ha sido tan malo. Eso sí, algunas zonas como el oeste bonaerense o La Pampa quedaron muy complicadas.

Con el 95,5% de las 6,6 millones de hectáreas implantadas ya cosechadas, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires incrementó en 300.000 toneladas la proyección de producción final que ascendería a 18,8 millones de toneladas. Vale recordar que la superficie de esta campaña supera ampliamente la media del quinqueño 2014/2019 que es de 5,3 millones de hectáreas.

Sur de Santa Fe

“Pudimos sembrar con los perfiles llenos, pero después no llovió hasta octubre, pero ya era tarde, todo lo que pudo desarrollarse el cultivo lo hizo con la napa y con el agua que había podido reservar”, resumió el asesor privado y ATR de la regional Aapresid Venado Tuerto, Marcos Guazzaroni.

Entre los siniestros de la campaña, Guazzaroni marcó una granizada importante que, por donde pasó (Venado Tuerto, Teodelina, Villa Cañás, entre otras localidades) dejó 30% de pérdidas en algunos casos. En cuanto a la sanidad, hubo aparición de roya amarilla pero mucho menos agresiva que la campaña pasada. “En algunos lotes alcanzó con un control, y en un 20% hubo que hacer dos”, dijo el asesor.

“El manejo agronómico histórico de cada lote se notó mucho este año, porque el volumen de precipitaciones tan justo obligó a usar cada milímetro guardado”, aseguró Guazzaroni. Y explicó: “Los que venían con buenas rotaciones, fertilizaciones balanceadas, buen paquete de fungicidas y cultivos de cobertura, lograron 10 quintales más que los otros”.

El asesor hizo hincapié en la fertilización balanceada como un pilar para lograr buenos rindes. “Muchos van directo a fósforo y nitrógeno, pero se olvidan de azufre y zinc y estamos teniendo respuestas”, explicó. En este sentido, para Guazzaroni no fue un mal año: “Los 5.000 kilos por hectárea fueron un buen premio”.

Vale recordar que el centro-norte de Santa Fe cerró una campaña con “resultados históricos”, según la Bolsa de Cereales santafesina, con récord de área sembrada (378.000 hectáreas) y de producción (1,29 millones de toneladas), alcanzando un rendimiento promedio de 3.400 kilos por hectárea.

Sudeste de Córdoba

El sudeste cordobés, al igual que las últimas campañas, tuvo una importante superficie con trigo y buenos paquetes tecnológicos. “Las implantaciones se dieron bien pero después fue bastante seco y frío y eso complicó las cosas”, apuntó el referente técnico del equipo de asesores de Okandú, Walter Tanducci.

Así las cosas, se armó una campaña disímil según buenos y malos ambientes, según si pudieron usar o no la napa y según su historia. “Los lotes que tuvieron todo lo bueno estuvieron con promedios por encima de los 5.000 kg/ha y algunas partes con 6.000 kg/ha.”, relató Tanducci. Y prosiguió: “Los ambientes de suelos más flojos se dieron un golpe importante con rendimientos de 1.500-2.000 kg/ha”.

Fue un año en donde la “historia” de los lotes jugó su partido. En los mejores ambientes, los que venían haciendo todo bien se treparon a los 5.500 kg/ha, los que no se quedaron en los 4.500. En los ambientes malos bien manejados por ahí pudieron rescatar unos 2.500 kg a diferencia de los otros que apenas lograron 1.500 kg/ha.

En cuanto a la sanidad, Tanducci expuso que “fue un año con roya anaranjada, que pegó duro si no se entró a tiempo”. Hubo que hacer de una a tres aplicaciones para controlarla.

“Termina un año mejor de lo que esperábamos por el frío que sufrió el trigo en pasto que siempre golpea y la falta de agua, así y todo, hubo un buen llenado y cuando entraron las cosechadoras nos sorprendieron gratamente”, resumió Tanducci.

Sur de Buenos Aires

“La región mar y sierras serrana, o sea, Tandil, Balcarce, Azul, logró hacer buenas implantaciones, hubo una lluvia grande a fines de junio, pero después se cortó el agua hasta octubre-noviembre, cuando llovió relativamente bien”, explicó el asesor privado y asesor CREA Mar y Sierras, Diego Aguilera. La media fue de 5.400 kg/ha, que es lo que se planifica para la zona, asique estuvo justo pero se llegó.

El panorama estuvo mejor para el sudeste, la zona costera de Necochea, Miramar y Mar del Plata, donde se registró un devenir climático similar. “Es una zona con mejor llenado por eso ahí se lograron rindes superiores a la media, con 6.200 kg/ha promedio cuando se presupuestan alrededor de 5.000-5.500, incluso hay campos que van a terminar con 7.300 kg/ha”, dijo Aguilera.

Para el asesor, “la diferencia de rindes, en parte, se debió a que muchos, cuando empezó a faltar el agua, le aflojaron a la refertilización, pero los que mantuvieron el paquete lograron muy buenos rendimientos y calidad”.

Defensa genética de la cebada

La falta de agua promediando la campaña asustó a los productores de cebada pero la plasticidad genética permitió una buena recuperación.

“La cebada demostró esta campaña ser un cultivo eficiente en kilos producidos por milímetros acumulados, por eso los rindes fueron buenos para el agua caída, la cosecha en general fue mejor a la esperada”, resumió el asesor privado, Fidel Cortese.

En la comparativa, la campaña 2019/20 queda algo relegada en números respecto del año pasado, cuando se sembraron 1 millón de hectáreas, con un rinde medio de 42,9 qq/ha y una producción de 3,6 millones de toneladas.

Para 2019/20, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires cuantificó un área de 950.000 ha (la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca un poco más, 1,01 millones de hectáreas), con 54.000 hectáreas perdidas (41.000 la campaña pasada, aunque falta cosechar un 13%), y un rinde medio de 35,1 qq/ha (18% menos) tras haber trillado el 84% del área, con una producción de 2,6 millones de toneladas (caída de 28%).

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