Cultura

Hoy es el Día del Payador

Marta Suint y Jose Curbelo, actuando frente a la casa en donde viviera Luis Acosta García en la ciudad de Coronel Dorrego

POR FABIÁN ENZO BARDA

Cuenta Octavio Velasco del Real en su “Buenos Aires, a fines del siglo XIX” los viajes entre la capital argentina y Montevideo se realizaban en un servicio de vapores fluvial, los cuales tenían la ventaja de que fondeaban en los mismos docks, evitándose así el pasajero la molestia y el gasto de tener que desembarcar en guadaños o lanchas.

En uno de esos vapores, propiedad de “La Platense”, cruzó “el charco” el payador Gabino Ezeiza para comenzar a escribir en la historia de la cultura popular rioplatense por qué el 23 de julio es el día del Payador.

En 1884, el Negro Gabino Ezeiza no esquivó más el bulto y se enfrentó con Juan Nava. Un conocedor acabado de la historia de Gabino, el payador Víctor Di Santo señala que “mucho se ha escrito y divagado sobre lo ocurrido, más lo cierto es que a Ezeiza le llegan las mentas de un payador famoso en la otra banda cuyo nombre se conoce de extremo a extremo de todo el Uruguay, se llama Juan Nava, protegido del presidente Máximo Santos y no hay quien se le anime a “pisarle el poncho”.

La payada de contrapunto se realiza el 23 de julio de 1884 en la cancha de Pelota de la Calle San José, en Montevideo. Una tarima algo elevada del suelo forrada con bayeta roja y dos sillas fue, el sencillo, escenario de la confrontación.

Fue una payada de antología con un episodio muy particular ya que luego de un descanso fue Nava quien pulsó la guitarra y como homenaje a su contrincante comenzó a cantar fragmentos del “Fausto” de Estaníslao del Campo, siendo reprobado por un espectador. Nava quiso abandonar el escenario, Gabino lo persuadió de seguir, Nava improvisó sobre el hecho y “El Negro” en defensa del bardo oriental respondió. “Eso que a Usted le ha silbado/creyéndolo un desatino/son unos versos preciosos/ de un payador argentino — Cuando yo vuelva a mi patria/ no se ha de tomar a mal/si me oyen cantar los versos/ de un payador oriental — Cuando yo empecé a cantar/allá por los tiempos de antes,/he cantado muchos versos/ de Magariño Cervantes”. Fue el suceso de la noche, la ovación se prolongó por minutos y el payador argentino entra definitivamente en el corazón de los uruguayos.

En esa noche hubo un ganador y fue Gabino Ezeiza.

Ya con el payador nacido en San Telmo estamos en presencia del payador profesional. Aún vibraban las cuerdas de esos primeros cantores que improvisaban a medida que la libertad avanzaba con el avance de las huestes de Artigas, Belgrano y San Martín, aún la matera mantenías cenizas calientes del canto improvisado de las ruedas de gauchos cantores, pero con el Circo Criollo, los Frontones de Paleta y los primeros Teatros el arte de improvisar iba tomando otro cariz y en ese mucho tenía que ver Gabino Ezeiza.
En nuestro pueblo, cuya fisonomía urbana comienza a definirla después de 1890, el 25 de octubre de 1900, un ya consagradísimo Gabino Ezeiza actúa en el Hotel de Londres de Manuel Espizua.

Fue en este año en qué en Dorrego aparece el periódico “El Porvenir”, dirigido por Aristóbulo S. Blanco quien se puede considerar nuestro primero payador.

No hay dudas de que Luis Acosta García es la figura más representativa de la cultura dorreguense a lo largo de su historia. El Payador Libertario tuvo un reconocimiento, no sólo en la valoración de obra después de muerto, sino que también sus contemporáneos dimensionaron su decir en el canto repentista y sus quilates como poeta.

Pero, ¿fue acaso el nacido en una chacra a la vera del viejo camino a Monte Hermoso el primer payador que pisó este pueblo? No, no fue. Después de la “Revolución de 1893”, llega a Dorrego “trasladado” (en realidad era un castigo por su militancia radical) Aristobulo S. Blanco. Se desempeña por algún tiempo como Secretario en el Juzgado de Paz, hasta que este exilio interno se extendió a su trabajo y fue dejado cesante.

Blanco era “aficionado a cantar cifra”, es decir practicaba el arte payadoril que hasta los famosos contrapuntos entre Gabino Ezeiza y Nemesio Trejo eran la base musical sobre la que construían sus décimos nuestros payadores. Esas famosas tenidas entre Ezeiza y Trejo, por lo prolongadas en su duración hicieron que se comenzara a improvisar sobre el ritmo de milonga, por lo que todavía era común que a “los bardos” se los llamara cantores de cifras.

Aristobulo S. Blanco pasa a la posteridad porque en la noche del 18 de setiembre de 1896, en el Hotel de Etulain, compone un largo poema llamado “Una reunión célebre”, en el que nombra a numerosos vecinos de la población cabecera del partido de Coronel Dorrego a pocos años de la creación.´

Aristóbulo S. Blanco sobrevivió durante algún tiempo como corresponsal de periódicos de Bahía Blanca y Tres Arroyos, hasta que un grupo de amigos lo ayuda a concretar su sueño: su propia publicación.

La historia de Luis Acosta García es más conocida. El payador nació el 22 de diciembre de 1895, en una chacra a la vera del viejo camino a Monte Hermoso. En 1911 se incorporó a un circo regresando al hogar paterno en 1922. De aquellos años se destaca su debut en el Goal compartiendo cartelera con Generoso D’ amato y Antonio A. Caggiano. Se presentó con el dúo nacional de “Los Hermanos Gandolfi” y junto a su esposa Estela Correa y Juan B. Fulginiti se presentó en varios puntos del interior. Entre 1926 y 1929 vivó en Bahía Blanca donde edita el periódico “El Juglar” y publica su primer libro “La ruta de un peregrino” y permanece hasta la muerte de su esposa. Abandonó Bahía y se radicó en Rosario, donde se casó con Cecilia Marcón. Murió el 31 de Diciembre de 1933.

Ese destino andariego del payador “que anduvo de pago en pago y en ninguno se quedó “, no lo alejó de su pago natal. A fines de los años ’20, publica en “Canta Claro”, “A mi pueblo natal”. No hay registros en la prensa de la época, pero Saturnino Gaute, aseguró que después del golpe del 30, Acosta García se presentó en la Confitería Aldea en una noche memorable porque la cita se hizo boca a boca porque con la presencia del payador había garantizado “palos” para los conservadores, también un testimonio de Domingo Paloto lo ubica actuando, en los años ´30, en “La Querencia” (San Martín y Maciel).

Sobre las ideas políticas hay dos versiones directas, una de Cuadrado Hernández que dice que el poeta era anarquista y otra de su hija que lo ubica como radical “de boina blanca”.
La presencia de Luis García en los festejos del Cincuentenario del partido de Coronel Dorrego, el 29 de diciembre de 1937, es una hecho de trascendencia por haber elegido a un payador como número artístico de tan importante fecha.

Luego, sobre todo, a partir de la realización de la Fiesta de la Tradición Gaucha convertida ,en 1970, en Fiesta de las Llanuras, organizada por la Peña Nativista de Coronel Dorrego, permitió un desfile de los más importantes cultores del arte payadoril como: Aramis Areyano, Carlos López Terra, Walter Mosegui, El Indio Bares, Sául Heunchul, Carlos Marquesini, Luis Barrionuevo, Roberto Ayrala, Juan Carlos López, Marta Shuint, dJosé Curbelo y Carlos Molina.
Y toda la camada nueva: Carlos Sferra, Cristian Méndez, Pablo Gallastegui, Pedro Saubidet, David Tokar, Santiago Vaquero y Juan Alberto Lalane, entre otros.

Además del origen de Luis Acosta García, dos acontecimientos marcan a Dorrego en la historia de los payadores: Era octubre de 1967, el día 9 el mundo de despertaba con la noticia del asesinato de Ernesto “Che” Guevara en La Higuerita, Bolivia. Fueron muchas veces las que, desde mediados de los ´60, el “Che”, moría y resucitaba, pero esta vez era verdad la triste noticia.

La prensa argentina cubrió con amplitud los sucesos de Bolivia. De todas las Revistas semanales que circulaban en el país había una que, por su particularidad al titular las notas y cierto roce amarillista en su concepción periodística, era un permanente foco de atención. Nos estamos a la Revista “Así”, creada en 1955 por Héctor Ricardo García, más identificado con Crónica TV pero de una larga trayectoria en la creación de medios.

A los pocos días las tapas de los semanarios ornamentaban todos los kioscos del país. Lo mismo sucedía con el viejo Kiosco del Club Atlético Independiente, atendido por aquel entonces por Benito Abad. Corría la edición 8va. de la Fiesta de la Tradición Gaucha en Dorrego (a partir de 1970, Fiesta de las Llanuras) y en el tránsito desde la sede al viejo Rancho de la Peña, los Payadores Carlos Molina y Juan José García reparan en la tapa de “Así” y la imagen de Ernesto Guevara muerto.

Iniciado el contrapunto, García desafía a Molina y le pregunta si es verdad que el “Che” ah muerto. Carlos Molina, el payador anarquista, Uruguayo, considerado uno de los mejores bardos rioplatense le cantó al guerrillero inmolado en la Higuerita.
A los pocos minutos, la policía se lleva detenido al cantor a Bahía Blanca. . Ahí comienza el mito y la figura de Molina se agiganta, tal vez haciendo justicia a la medida de su enorme talento y compromiso social.

A partir de ese momento, también, el nombre de Dorrego y su Fiesta trascendieron aún más.

El otro acontecimiento tiene que ver con José Curbelo. Para la edición del año 1973 debía venir a Dorrego otro payador de fuste, Juan Carlos López que por razones laborales, trabajaba en una fábrica en Montevideo, no puede llegar y le pide a su amiga José Curbelo que lo reemplazara. José tenía, en ese momento, unos veinte años, esa llegada a nuestro pago, a nuestra fiesta, el conocer a Pedro Iribarne y su obra hizo, tal cual lo ha manifestado en varias oportunidades que se radicase definitivamente en nuestro país.

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