Malvinas: la carta de Chitín

Nota de Néstor Machiavelli en La Nueva.
Lo apodaban Chitín, pero en el DNI era Rubén Alvarez, un pibe humilde,divertido, emprendedor. Vivía en Coronel Dorrego, creció entre figuritas, bolitas y pelotas de trapo, rodeado de amigos del barrio de casas bajas, de padres trabajadores que daban lo que no tenían por el futuro de los hijos.
Soñaba ser ingeniero, formar una familia, ser feliz. Pero Malvinas se cruzó en su camino. El pibe veinteañero se hundió para siempre con el Belgrano, descansa en la inmensidad del Atlántico Sur.
Una década atrás, junto a entusiastas jóvenes y vecinos de la ciudad conformamos el taller de video “Cómo contar historias con Imágenes” y decidimos contar su vida.
Fueron meses intensos de investigar, filmar, reconstruir. Entusiasmados con la historia, tristes por el desenlace.
De Chitín hay pocas fotos, no hay audios ni videos. Quedan testimonios de amigos, familiares y sobrevivientes del Crucero Belgrano que convivieron con Rubén hasta momentos antes del hundimiento. Lo que perdura inalterable es su legado en la sobrecogedora carta a los padres, que escribió desde la cubierta del Belgrano el 22 de abril del 82, diez días antes de la tragedia.
Aquí algunos pasajes que retratan la humanidad de este pibe en el umbral de un momento decisivo, con la frente en alto y consciente que se le escapaba la vida:
“Queridos padres:
Los extraño mucho, estoy en Tierra del Fuego, hoy es jueves 22 de abril, el buque anda muy bien así que no hay que preocuparse. Estoy en la entrada del Canal de Beagle, el día está feo, nublado y hay una intermitente llovizna, pero las aguas están tranquilas (…)
Quiero decirles muchas cosas en esta carta pero no puedo porque estoy medio confundido con respecto a mi pensamientos, ya que un día dicen una cosa y al otro día otra distinta, pero siempre llego a la deducción que no sé nada (…)
Deseo volver a verlos, pero sepan que quiero voluntariamente que éste problema se arregle de cualquier forma y aunque no sé rezar le pido a Dios que no se tengan que lamentar más bajas y que ustedes y todos sepamos valorar para así comprender que no nos debemos echar atrás. Sé que ustedes como padres conversarán de esta situación de una forma muy especial, pero deben tener calma y tranquilizarse ya que no solo acá sino en todo el mundo la vida se ha tornado confusa y agresiva, hay que tener fe, no se olviden que el destino de uno no lo fija una situación como ésta sino Dios(…)
Bueno queridos padres, quiero que le den saludos a todos mis hermanos que siempre los tendré presentes. Se despide de ustedes un conscripto de la marinería de la Armada de la República Argentina. Se despide de ustedes un hijo de esta pareja hermosa (mis padres), la cual formó una familia que aunque esté separada en kilómetros de distancia está unida en sus corazones. Lo que sí deseo es que sepan afrontar la realidad y tengan en cuenta que no solo han aportado al país toda una vida de trabajo sino también le han dado vida a éste para fortificarlo y abrir un futuro de grande dimensiones.
Chau, hasta pronto
Chitín”
Recuerdo cuando filmamos la escena final del documental. Convocamos a casi un centenar de vecinos de Dorrego a la orilla del mar en Monte Hermoso. La idea era que saludaran con los brazos en alto mirando el horizonte del Atlántico, porque allí descansan los héroes del Belgrano, entre ellos Rubén.
En un momento vimos a sus hermanos arrodillarse en la orilla y tomar la espuma entre sus manos. Me acerqué a uno de ellos, me dijo entre lágrimas que era la primera vez que sentían cerca a Chitín.
Así es, Rubén transcurrió su vida al borde del Atlántico, a menos de 30 kilómetros de la arena y el mar.
Ahora mismo, en la inmensidad del océano que baña las playas de su lugar en el mundo, tan lejos y tan cerca a la vez, Rubén descansa eternamente, entre espumas y gaviotas… (02-04-25).