Su majestad: Alejandro Rasmussen

NOTA ESCRITA POR MANUEL MENDIONDO
EN EL SEMANARIO ECOS DE MI CIUDAD

15 horas, 36 minutos. Avenida Casal Varela. Es la continuidad de la ruta para los automóviles y micros que ingresan por el acceso del Cristo a Coronel Dorrego. Acá no nació Alejandro Rasmussen hace treinta años. Su padre, arrendador de campos. Su madre, docente. Cinco hijos. Todos varones. Alejandro es el cuarto. El hermano menor, Federico, asoma su fama en el fútbol profesional, al defender los colores de Brown de Puerto Madryn, elenco que milita en la segunda categoría de importancia dentro de la estructura de A.F.A.

Alejandro se educó en los hábitos del campo. Viajaba todos los días. El colegio primario en San José. Después el período de aquel terreno que pertenecía al club Independiente, para definir su verdadera vocación. Y, al cabo, una carrera de kinesiología en Buenos Aires inconclusa, después de tres años de aprendizaje. Pero la genuina vocación de Alejandro no la habían podido esclarecer los complicados test del pedagogo… Alejandro, apenas despuntaba los cuatro años ya era jugador de fútbol. Jugador en el campo cercano a Lartigau con dos arquitos. Jugador en la calle cuando se trasladó al pueblo. Jugador en el colegio. Mientras sus compañeros gastaban las monedas paternas en golosinas, Alejandro almacenaba las cuotas diarias de chirolas para comprarse el juguete que más ambicionaba. Alejandro era el eterno propietario de una pelota. En ella volcaba todos sus entusiasmos de purrete, mucho más que en las áridas obligaciones escolares… “Era capaz, estudiaba lo justo y necesario. Si había que aprobar con un cuatro… aprobaba con el cuatro. Después era bastante vago” sostiene… mientras agarra el termo rojo dispuesto a cebar el undécimo mate que acompaña el transcurso del parlamento.. Y a los siete años, ya en el pueblo, cuando quedó en Independiente, ya destacaba los indicios precoces del intuitivo. Su familiaridad con la pelota. La visión de campo, la técnica y el manejo de su diestra. La facilidad natural para pegarle con justeza.

A los diez años ya Alejandro formaba parte de un grupo distinto a todos los pibes de la categoría 1987. Jugaba una categoría más arriba. En un medio donde prevalecían los valores tradicionales de la fuerza, Alejandro sorprendía por su cordialidad con la pelota, por la armonía de sus desplazamientos quitando el balón, por el fundamento de esa visión que ya en su primera infancia superaba los ásperos argumentos de la marca dura por el medio campo… Y fue volante recuperador desde el comienzo, identificado al número cinco que ya utilizaba en las formaciones juveniles.

Hubo un año que jugó de centro delantero, de nueve, debido a su altura y su frecuente llegada al gol. Pero así fue volante recuperador, cuando un treinta de mayo de 2004, con dieciocho años, José Rodríguez lo mandó a la cancha en un partido frente a San Martín -con el tiempo, el hecho anecdótico del partido reflejó una derrota 0-4 en casa- para sumar los primeros minutos en la primera división de Independiente. Cuando ya había quedado atrás la infancia en el campo. Es entonces cuando comienza a conocerlo toda la liga. Cuando casi bruscamente inaugura su permanente vigencia en la mitad de la cancha de Independiente, con el número cinco en la casaca. Nombre obligado en todos los comentarios críticos de parte del periodismo, que ya presagian al gran jugador del futuro rojo. Y así, en vísperas de la etapa más emocionante, Alejandro es nombre indiscutible del plantel que disputa las semifinales y que posteriormente viaja a Monte Hermoso…

EL HOMBRE

Aquí estoy con Alejandro en su casa de la Avenida Casal Varela, a setenta y cuatro horas del último partido contra el equipo sanmartiniano, cuando recién concluye el almuerzo… Presencia fina pero respetable. Algunos suelen imprimirle cierta formalidad al diálogo. Alejandro lo agiliza con sus respuestas pintorescas, con la exuberancia de sus gestos… Personalidad pulida y parca, rústica, pero con la seducción de una simpatía más ganadora, siendo muy amigo de sus amigos. “No soy de andar desparramando sonrisas por la vida”, confiesa en una de las mejores expresiones que lo define… ¿Lo decepcionaron alguna vez? Sí… El ambiente futbolístico es laberíntico pero la decepción y la traición forma parte de la vida misma. Alejandro se muestra agudo, crítico y en el tono de su diálogo naturaliza este tipo de actitudes como moneda corriente. ¿El dinero? Sí le importa para vivir y más cuando se forma una familia. Pero es feliz con lo que tiene. No le desvela sumar mayor cantidad. Tampoco deambula por las oscuras veredas de la envidia. ¿De qué ha trabajado? Fue electricista, atendió un quiosco cuando vivía en Bahía Blanca, realizó la temporada de verano en un lavadero de coches en Monte Hermoso, también obró en una discoteca en el vecino balneario, educó a los purretes del club y actualmente, es empleado del “imperio” de la vestimenta de caballeros… Así que con el fútbol, con la electricidad, con el quiosco, con el lavadero, con el boliche bailable, con las ventas de ropa para caballeros, vive bien… Se puso de novio hace siete años con Soledad, y hace uno que nació Emilia, según Alejandro, el acontecimiento más feliz de su vida…
¿Las costumbres fuera del fútbol? Sencillas. Le gusta la casa. La compañía de Soledad y Emilia. Cree en la unión familiar. Disfruta las comidas con sus padres y con sus suegros. También las reuniones con los eternos amigos, en casas particulares o en el club, más allá de que los tiempos hoy se acorten cada vez más… ¿El pelo corto? Le sienta cómodo por más de que el tiempo le haya jugado una mala pasada extrayéndole una buena parte de su cabellera. Le gusta la música festiva, como la cumbia y el cuarteto, aunque no tenga un grupo favorito. ¿Rock Nacional? A veces. Se aferra a Dios cuando lo necesita, no lo invoca permanentemente al igual que la gran mayoría de nosotros. No descree de la política pero sí de ciertos políticos. Le molesta la falta de educación, de respeto y principalmente el conformismo. Le pasó en su vuelta a la liga toparse con esta realidad tras su paso por el “profesionalizado” fútbol bahiense. “En Dorrego no sos jugador de fútbol… porque te tratan como un chico que va a jugar a la pelota, que te dan la ropa el domingo y no mucho más… en la semana por ahí se descuida un poco…” Le halaga la tranquilidad del pueblo. Por eso su permanencia aquí en Coronel Dorrego lo vive muy a gusto. Porque para criar un hijo es mucho más sencillo. Porque los tiempos a comparación de otras ciudades, son distintos. Porque todo está más cercano…

EL JUGADOR

–Dígame, Rasmussen… ¿Qué influencias tuvo usted como jugador?
–Ya le dije que soy bastante familiero, je… Pero siempre fui enamorado del fútbol y mi tío, el “Negro” Bruzzone fue el modelo a seguir… Iba a la cancha a verlo a él… También me marcó Sergio Sarti, y vaya paradoja que hoy comparto equipo con Ian, su hijo… Leandro Onorato, jugaba realmente muy bien… Diego Vera, cuando pasó por Independiente… yo era un poco más pibe, también era exquisito… Nacho Taján… Lucas Abraham… Pasaron grandes jugadores por el club…
–Pero, ¿cómo aprendió a pegarle así? Con esa seguridad para colocarla a treinta o cuarenta metros…
–Eso lo aprendí solo y creo que es mío naturalmente… Estoy convencido de que también hay margen para seguir mejorando en los entrenamientos… No solamente el que le pega bien, también el que no cuenta con demasiada técnica, lo puede mejorar. Se debe a la potencia… Por ejemplo, a los tiros libres cercanos trato de asegurarlos. En la semana uno se queda pateando cincuenta tiros libres y todos entran al ángulo… Y el domingo, capaz que no te sale ninguna… Pero cuando meto una bola larga y llega al destino previsto es para mí una gran satisfacción…
–¿Cómo a través de tantos años de fútbol no sintió la necesidad de trabajar con la pierna izquierda?…
–En una época solía pegarle frecuentemente con la zurda. Recuerdo haber marcado goles, inclusive, algún cambio de frente. El tema es que hoy directamente no sé si me animaría. En ese sentido, siempre estoy buscándole la vuelta para tratar de acomodarme con la derecha… Pero en la pierna inhábil sí se nota más el déficit de la potencia y la dureza. En cambio, con la pierna hábil, no solamente uno está confiado sino que también más flojo y a la larga, es mejor…
–¿Cual es en la actualidad el nivel de la Liga?
–La veo bien… Competitiva… La gran mayoría de los clubes han mejorado mucho aunque siento que los dos de Monte Hermoso están un escalón por encima del resto, desde su organización. Creo que ellos tienen una ventaja en cuanto al resto.
–A las semifinales… ¿Llegan los cuatro elencos que hicieron bien las cosas a lo largo del calendario anual?
–Creo que se hizo justicia con los seis equipos que clasificaron. Después, San Martín y Oriente Fútbol Club quedaron eliminados porque el fútbol tiene esos desenlaces. De los cuatro que quedamos, Suteryh es el más regular… ¿Ferroviario? Venía demostrando y el clásico que nos ganaron para ellos fue muy importante ya que les dio un envión anímico fundamental, conscientes de que tienen jugadores claves en puestos importantes. En cuanto a Atlético Monte Hermoso, realizó una tercera rueda muy interesante y es otro de los rivales duros que tenemos que sortear… Tenés que hacer las cosas demasiado mal para no clasificar… ¿Y nosotros? Nos aseguramos el lugar tras ganar la primera ronda… Una ronda cortita, rara… Nos “planchamos” muchísimo y ya ahora llevamos quince partidos sin conocer la derrota. No llegamos tan mal… está bien, en el medio empatamos mucho pero eso te da una fortaleza que te lleva a decir “nosotros jugamos y no nos ganan…”… En líneas generales llegan cuatro equipos con historia. Suteryh con una historia reciente y el resto con gran trayectoria…

LA LIGA DEL SUR…

–Usted conoce el fútbol bahiense… ¿Qué opinión le merece?
–Es un fútbol lindo… Demasiada competitividad. Hay una diferencia considerable teniendo en cuenta los escasos cien kilómetros que nos separa: la mentalidad. Allá se piensa en crecer permanentemente. Tal vez acá falta eso.
–¿Lo dice tras la experiencia por Bella Vista específicamente?
–Sí… es más, te pongo un ejemplo… Cuando llegué el club tenía solamente dos canchas auxiliares. Después de tres años, cuando me tocó partir, Bella Vista contaba con un complejo de once canchas auxiliares… Achares es un buen dirigente que hizo demasiado por el club. Como te dije antes… durante la semana, termina la práctica y uno tiene a disposición duchas para darte un baño, un masajista… Existe esa diferencia de mentalidad, de seguir creciendo y ser profesionalizado…
–¿Le costó la adaptación a jugar en la cueva?
–Mucho… Lo noté desde el compromiso con la marca. Me hubiera costado menos si llegaba a jugar como último hombre donde tenés mayor prestancia para dominar los tiempos. Al ser segundo marcador central, me pegaba al delantero. No jugaba yo pero tampoco jugaba el otro…

Y AHORA RASMUSSEN

–En el caso suyo, aun jugando bien, ¿no admite algún reproche dentro de la cancha?
–Siempre. Soy autocrítico y más cuando gano… En los cruces con San Martín, me ha gustado los partidos que Independiente jugó. En la ida, en la cancha de ellos, me desordené bastante y cuando lo estoy, el equipo siente el desorden… Personalmente, le atribuyo mi desorden dentro de la cancha a cuando me desespero porque el equipo no encuentra la pelota. En esos primeros noventa minutos en cancha de San Martín, no encontré nunca mi lugar en la cancha. La situación cambió el domingo, en nuestro escenario… El partido se abrió y estuve mucho más cómodo… “Gianca” Crisci a mi me da una mano grande porque yo no necesito romper líneas tanto y él con su juventud, su explosión, lo hace… Llega más al área, cosa que me gusta también pero es contraproducente para el equipo porque pierde orden…
Y muestra agudeza cuando habla de fútbol. Aun para juzgarse a sí mismo. A mi juicio, aun jugando el cincuenta por ciento del rendimiento que le vi en los cruces frente a la escuadra sanmartiniana, uno de los jugadores más importantes del partido por esa capacidad de visión desde el círculo central, para mostrarse en el medio campo y porque toca en el medio campo. Al margen de los cambio de treinta y cuarenta metros que depositó en el cuerpo de los compañeros.
–La última pregunta, Alejandro… ¿Cuál es el mejor jugador de la liga en la actualidad?
–Y… es difícil. Me parece que Gaston Cansina hizo un gran torneo… A nosotros nos complicó siempre. Facundo Schmidt, por más que no tenga continuidad por cuestiones laborales es un jugador distinto, al igual que Marcos Cossu…
–¿Y una revelación?
–Cristian Castro, el pibe de Suteryh… Es un jugador desequilibrante… También elegiría a Gianfranco Crisci, si tuviera mayor cantidad de minutos y partidos…
–¿Y Sergio Lindner?
–Un animal… Está teniendo un año estupendo…
–¿Y Pablo Gette?
–Un gran jugador. Ganador nato… No se estanca, juega con aplomo y te da confianza tener jugadores así en una defensa que en líneas generales, sale de memoria…
Las cinco menos veinte de la tarde del miércoles… El único pretexto para retirarse era que tenía que ir a trabajar… Así vestido, con un jean y un suéter, lo despedí en la puerta de su casa de Casal Varela.
–Hasta el domingo… –fue la despedida.
–Hasta entonces, su majestad.

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