Srodek: “Están todas las condiciones dadas para que se retome la cultura ovina”

Jorge Srodek, actual jefe de Gabinete del Ministerio de Agroindustria provincial, comenzó a trabajar con la lana en 1972 y un tiempo después empezó a armar su majada comercial y su cabaña de carneros y ovejas Corriedale, actividades que sigue desempeñando hoy en los dos establecimientos que tiene en las localidades de Irene y Aparicio, en el partido de Coronel Dorrego, en el sudoeste bonaerense. “Hay una cuestión afectiva y vocacional que influye mucho. Pero, como en cualquier actividad, los que deciden son los números, y la oveja nunca dejó de ser rentable”, asegura.

El ex dirigente gremial cuenta con una majada compuesta por unos 850 animales de esquila que a partir de un manejo simple pero muy profesional le deja muy buenos dividendos. “Tenemos todas madres Corriedale, que cruzamos con Merino mocho. En 2016 vendimos la lana, que es trabajada bajo el sistema Prolana, a 55 pesos el kilo. Obtenemos lo que sería un Corriedale fino, una lana de entre 24 y 25 micrones, y algún fardo de 25,5”, explica.

“Y venimos de vender todos los corderos de destete de 25 kilos vivos, que son los 13 kilos en el gancho, a 1.000 pesos más IVA. Los comercializamos muy fluidamente entre el 15 de diciembre y el 10 de enero, y el mayor volumen va a los mercados de la costa”, agrega. Con esos números y esa producción de lana y carne, Srodek no tiene dudas: “El margen bruto que te queda es bueno”.

Simpleza

La eficiente comercialización es uno de los puntos fuertes del planteo que aplica el funcionario, pero más lo es aún el manejo sencillo que aplica en su rodeo ovino. “A partir de enero, la majada entera está en los rastrojos de fina, después siguen en rastrojos de soja y en julio – agosto la pasamos al último verdeo que quemamos para la próxima gruesa”, describe.

“Realizamos una esquila preparto a fines de agosto, tenemos la parición en septiembre, entonces mientras la oveja cría el cordero está tres meses en una pastura”, completa. De modo que para la oveja exclusivamente, Srodek invierte tres meses de pasturas, un manejo de muy bajo costo.

Esto va acompañado de una celosa selección de la producción de lana que da cada animal. “En una zona como la nuestra una buena majada a la que le prestes mucha atención no tiene por qué darte menos de 5 de kilos de lana por animal. En eso pesa mucho la genética. Y también estar encima con la tiza en la mano en la manga: la oveja que no está en buenas condiciones hay que reemplazarla por una que sí lo esté. Esas son las cosas a observar, si tenés una raza lanera o doble propósito, debés producir buenas lanas y bastante cantidad por animal”, indica.

La sanidad es otra de las claves del éxito. En el campo de Srodek se les está encima a los carneros, a los borregos y también a las ovejas.

“Así logramos buenos índices de parición. Nosotros siempre tenemos un índice de entre 120 y 130 %, que termina siendo una señalada del 100 %. Y si bien está muy bien, se puede mejorar también”, admite.

Para Srodek, la cuestión no tiene mucho misterio. “Con este esquema sencillo seguimos fieles al ovino, y la principal razón es porque nunca dejó de ser negocio. Entonces, si tenés la actividad aggiornada y la hacés con el mismo empeño y profesionalismo que la ganadería vacuna y la agricultura, los números te van a dar”, insiste.

Recuperación

El jefe de Gabinete del Ministerio de Agroindustria dice que en los últimos años hubo una recuperación de la producción ovina en la provincia. Según los números publicados por el Senasa, Buenos Aires tiene más de 1.900.000 lanares y que hay mucho potencial para seguir creciendo.

“El aumento de los stocks ovinos pasa exclusivamente por la voluntad de los productores. No tiene nada que ver el tema números, porque te repito que es una actividad rentable”, dice. “Además, con este clima, podemos tener hasta ocho o diez ovejas por hectárea. Están todas las condiciones dadas para que se retome la cultura ovina”, completa.

La recuperación de la producción ovina en la provincia de Buenos Aires es lenta. Pero es. Y eso es lo que debe valorarse, porque hasta mediados de la década pasada la sangría lanar fue tan característica de los campos bonaerenses como la agriculturización.

El escenario empezó a cambiar a partir del 2010, cuando finalizó una sequía que había comenzado un lustro antes. Así, mientras que casi fue desplazada por completo de las zonas agrícolas, en los últimos años las ovejas empezaron a ganar hectáreas en los campos del sur bonaerense, evidenciando un leve repoblamiento de viejas zonas ovejeras.

Así lo aseguró el ingeniero pringlense Jorge Pennini, coordinador provincial del Programa Prolana. “Hay zonas de la provincia que se están poblando mucho más que otras. Carmen de Patagones está incorporando muchas ovejas, también Villarino y la localidad de Cabildo. Coronel Pringles ha tenido un crecimiento muy importante y hay mucha inquietud para el lado de Ayacucho”, explicó el técnico que recorre mensualmente los distintos establecimientos bonaerenses en los que hay ovejas.

En este sentido, Srodek destaca el impacto que tiene el Programa Ovino provincial, que en el marco de los beneficios que otorga la Ley Ovina nacional hizo que la oveja se presente como una opción sólida de diversificación sustentable y mejora de la rentabilidad para pequeños productores, y para la ocupación de zonas de secano en el sudoeste y sur de la provincia.

“La Ley Ovina está dando créditos muy blandos. Son facilidades que tiene el sector ovino y que no los tienen otros, y que realmente funcionan como un incentivo”, asegura.

Entonces, si bien está claro que en zona agrícolas la oveja no puedo competir con los números de los cultivos, en los campos con más aptitudes ganaderas como Indio Rico, Coronel Pringles, Coronel Dorrego y parte de Tres Arroyos, la producción ovina tiene similares márgenes que la ganadería vacuna. (Agencia Dib).

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