Los hechos violentos en Monte – El péndulo de los oportunistas

Por Gustavo Marcelo Sala (Columnista del programa de LA DORREGO Testigos de Privilegio).

Monte Hermoso

Hace 7 años una niña de nuestra comarca vivió una situación similar a la acontecida durante este lúgubre fin de semana que pasó. La perversión de unos pocos enlutó la vida de una dulce adolescente, su familia, y del pueblo en su conjunto. En aquel momento varios elementos casuales hicieron que el final de la historia, gracias a Dios, haya sido distinta. De todas maneras llama poderosamente la atención el sesgo violento que tuvo el dilema en esta ocasión. Separar la cuestión política local de los hechos ocurridos resulta de una inocencia supina y más si tenemos en cuenta el discurso virulento de ciertos dirigentes montehermoseños que hace años no encuentran la dialéctica que les permita recuperar sus viejas glorias políticas del pasado. Acaso recurrir a los desmadres los beneficie, es bastante torpe pensarlo de ese modo de su parte, pero teniendo en cuenta la altura política de esos dirigentes las conclusiones son obvias. (IR A LA NOTA COMPLETA).

Un comentario en “Los hechos violentos en Monte – El péndulo de los oportunistas

  1. Si la comuna de montehermoso fuese opositora al FPV, el discurso de Sala sería el siguiente:

    Hace 7 años una niña de nuestra comarca vivió una situación similar a la acontecida durante este lúgubre fin de semana que pasó. La perversión de unos pocos enlutó la vida de una dulce adolescente, su familia, y del pueblo en su conjunto. En aquel momento varios elementos casuales hicieron que el final de la historia, gracias a Dios, haya sido distinta. De todas maneras llama poderosamente la atención el sesgo violento que tuvo el dilema en esta ocasión. Separar la cuestión política local de los hechos ocurridos resulta de una inocencia supina y más si tenemos en cuenta el discurso virulento de la dirigencia montehermoseña que se encontró sus viejas glorias del pasado. Acaso recurrir a la impunidad los beneficie, es bastante torpe pensarlo de ese modo de su parte, pero teniendo en cuenta la altura política de esos dirigentes las conclusiones son obvias. Acá no hay excusa para hacer justicia por mano propia, pero la misma hilvanó un sin fin de eventos que intentaron confrontar el orden conservador del balneario. Llamó la atención que los dirigentes no hayan colaborado para lograr que los vándalos depongan su actitud, una actitud que quedó plasmada en la persecución e intento de ajusticiamiento de las autoridades locales. Cuando ocurrieron los hechos del pasado no existieron actos como los que vimos durante este fin de semana; hubo críticas y muchos expusimos las ineludibles responsabilidades que les caben a las personas en las cuales confiamos para dirigir nuestros destinos, pero no fuimos escuchados, y el pueblo se manifiesta. En aquel entonces me referí a cierta alegría colectiva, hoy siento que el péndulo labora como el peor de los consejeros. Tal vez en aquel entonces la libido política de algunos circulaba por la resolución 125, hoy pasa por la falta de inclusión en Monte Hermoso. Una violencia camuflada, que en manos del pueblo es justicia –como dijo el General- a la espera de explotar en tiempo y forma, que sufre el aderezó de litros y litros de una irrefrenable gasolina dialéctica desde las autoridades conservadoras. La justicia debe actuar conforme a derecho y todos debemos acatar sus mandatos entendiendo que se requieren tiempos para dilucidar quiénes fueron los autores materiales del homicidio y quiénes fueron los responsables directos e intelectuales de los actos vandálicos. A decir de un oficial de las fuerzas de seguridad que me merece la mayor de las confianzas, fuente que me reservo por obvias razones periodísticas, los bidones con combustible no llegaron de casualidad a cada punto siniestrado, sino que hubo un pueblo descontento atrás. Todo esto fue una manifestación directa, desde adentro del balneario, al gobierno de Monte Hermoso, icono de la restauración neoliberal en la sexta sección, parece que las puebladas son la única forma que tenemos para mostrar nuestro dolor.

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