Libro relata la historia del ferrocarril en Dorrego

Enrique Román Prado brindó detalles de su nuevo libro, que cuenta los primeros tiempos del ferrocarril en la ciudad y detalla la infraestructura y el movimiento que se generaron a su alrededor.

“Es un trabajo que venía postergando desde hace más de diez años. Fue difícil hacerlo porque no queda casi nadie de aquella época y el material fotográfico es complicado de hallar. Me costó bastante tiempo pero finalmente llegó”, explicó el escritor por LA DORREGO.

“Mucha gente que estuvo acá se fue y los ferroviarios viejos desaparecieron. Hubo personas que quemaron o tiraron las fotos y es muy poco el material que quedó. Todo fue en base a lo que hablé con la gente”, señaló.

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2 comentarios en “Libro relata la historia del ferrocarril en Dorrego

  1. señor enrique si lo desea mi padre tiene muchas anécdotas y recuerdos muy gratos , inclusive de personas y personajes ligados al ferrocarril… gracias !!!! ojalá se pueda contactar con él…teléfono 0299-155230300 cipolletti-río negro

  2. ESTACION DORREGO

    Estuve oyendo la entrevista que hicieron al señor Enrique Roman, viejo conocido de Dorrego donde residí con mi familia en la que se encontraba mi hermano mayor (COCO) que trabajaba en el ferrocarril. Los últimos años en el Empalme La Manuelita, en proximidades de la ciudad y a donde me dirigía y regresaba a bordo de un velocípedo (un vehículo de tres ruedas apto para circular por las “paralelas de hierro” que se conducía sentado y acompañando con los brazos el vaivén de su accionar y fácil de sacarlo de las vías cuando venía el tren cuyo vibrar se sentía desde lejos).
    Cuando eramos chicos íbamos a la Estación Dorrego a ver pasar los trenes completos de pasajeros y, de paso, sacábamos de los portones de los vagones los precintos de plomo, los que utilizábamos para hacer plomadas e ir en bicicleta a pescar al “puente de fierro” (cercano a Las Mostazas).
    Recuerdo “la chanchita” que era un tren chico con dos vagones para personas que iba a la mañana a Bahía Blanca y regresaba a la tardecita, permitiendo hacer algún trámite en aquella ciudad. Transporte cómodo, barato y muy entretenido por las charlas con los demás pasajeros.
    En aquella época era prácticamente imposible que dos trenes chocaran porque en la Estación había un dispositivo donde se introducía “el palo” (era metálico, pese al nombre) para dar vía libre a la formación que no podía avanzar si no se hacía dicha acción. Ese “palo” se ataba a un aro de alambre que uno de los empleados que conducían la máquina le daba –en el caso-a mi hermano para liberar la vía correspondiente del empalme. De noche lo arrojaba a un gran recipiente de metal que existía en el lugar y si no caía adentro, a buscar el aro con el palo donde estuviera. Siempre se encontraba (me ha tocado con otros familiares buscarlo) y si no apareciera había que hablar telefónicamente a Control (en Plaza Constitucióon de Buenos Aires) para que desde allí liberaran la vía y pudiera el tren ir por la que correspondía. Obviamente los ingleses hacían un sumario ante tal situación y sancionaban a los responsables.
    Los empleados del Ferrocarril gozaban de una buena situación laboral y ascendían si daban los exámenes correspondientes, entre ellos el de enviar y recibir mensajes por el sistema Morse El código morse o también conocido como alfabeto morse es un sistema de representación de letras y números mediante señales emitidas de forma intermitente, una rápida que es un punto y otra más lenta que es una raya. Había un operario (lamentablemente no recuerdo su apellido) que con una mano enviaba mensajes y con la otra los recibía deslumbrando a quienes observaban tal manipulación.
    Pero los empleados ferroviarios tenían otras obligaciones . Recuerdo que en una oportunidad en que hubo incendios de sembradíos cercanos al pueblo varios concurrieron a prestar colaboración para apagarlos y en un automóvil (en el que iba mi hermano) un ferroviario (de apellido Scarvaglione) entró en pánico cuando veía venir la oleada de fuego y se bajó del móvil siendo envuelto por el fenómeno que le ocasionó lamentablemente el fallecimiento.
    Recuerdo la tristeza de su velatorio y el coche fúnebre que lo conducía al cementerio de Dorrego con una larga hilera de amigos en bicicleta que era el deporte que practicaba el occiso.
    Lágrimas y sonrisas.
    Felicito a Enrique (lo recuerdo como un gran atleta) y espero poder conseguir su libro sobre la Estación Dorrego.
    Cordialmente,
    Hugo Stempels

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