“Una rosa menos en el jardín de mis sueños”

ESCRIBE HUGO SEGUROLA.

Las voces de los oyentes nos resultan familiares, quedan incorporadas a nuestros oídos para siempre. Ocurre que en sitios como el nuestro se producen vínculos que van más allá del espacio radial.

La circunstancia de saber de los otros, el sentido de pertenencia y la prolongación de la relación afectiva fuera del aire, otorga muchas veces, la posibilidad del mano a mano con los oyentes-vecinos.

No era la única Rosa en los contactos domingueros, pero resultaba inconfundible cuando su voz surgía espontánea, sin filtros, sin protocolos para el saludo cordial o para decir lo que sentía.

Haciendo honor a su descendencia gringa, había una cierta “dureza” en su lengua y de allí que al expresarse mezclara sus raíces con el español.

Frases que quedaron grabadas a fuego, que surgen frescas:

¡Y como quiere que ande… jodida!

¡Me duelen mucho las rodillas, es que ya estoy vieja!

¡Cuándo va a venir “Sigurola”, mire que lo estoy esperando!

¡Están feas las cosas, no hay trabajo, toda aumenta y la jubilación no alcanza!

¿Sabe quién habla…? ¿Me pasa un tema de Luciano Pereyra?

Era para mí y la audiencia Rosa Berger o mejor dicho: Rosa, la mamá de “Bocha” Berger.

Era una de mis tantas seguidoras, como dice el tango: “mujeres fieles de gran corazón…”

Ocurre que a veces los tiempos no dan en la medida que uno desea, no siempre se puede cumplir con las vecinas o vecinos que me invitan a su casa.

Son visitas que no pueden planearse desde una agenda, es que no hay protocolos en estos diálogos simples, apartados de cualquier interés. Particulares charlas con abuelas y abuelos que me cuentan de su vida, de la familia, de sus días de ayer…

“La radio” es tema obligado, me señalan el lugar donde cada día me reciben en su casa. “Es lo primero que hago, prender la radio, es mi gran compañía…”

Algunos también me siguen por televisión, “el público cautivo” de mediodía o noche. Era también el caso de Rosa, que más de una vez y ante mis ausencias solía preguntar a boca de jarro: ¿No está más en la televisión? o ¿Cuándo va a empezar en el cable?

Un sábado de febrero fui a visitarla.

En una tardecita calurosa de este verano.

Allí estaba, en su casa (la última de Clementina Villamayor). Tras los golpes en la puerta y un tanto sorprendida por mi visita me estrechó en un abrazo, expresando su alegría por la promesa cumplida.

El televisor dejaba ver las imágenes de uno de los tantos amistosos de verano, en este caso era Nacional de Uruguay con Argentinos Juniors…

El partido quedó de lado y charlamos un buen rato. Me contó del dolor en sus rodillas, que estaba próxima a un estudio… y que estaba un poco cansada de vivir.

Me dijo que “Bocha” había pasado a la mañana, como siempre, que Susana (su otra hija) había viajado a ver a su nieta a Tres Arroyos y que ella todavía no conocía a su primer bisnieta…

Hablamos de economía, de política, de la inseguridad y me contó de sus días en el campo junto a su esposo. “Yo hice de todo, trabajos duros y de hombre…pero ahora estoy vieja, ya no sirvo para nada…”

“Su libro lo leí todo”… Me dijo haciendo referencia a “Dorregueros”, para agregar luego: “me falta el otro”. Prometí obsequiárselo en la próxima visita.

Le comenté que la veía muy bien de rostro, le pedí que levantara el ánimo, que tenía cosas para ser feliz y que no aflojara…

Luego llegó su amiga de los fines de semana (la señora de Doménech), para terminar hablando los tres de “Azúcar, pimienta y sal”, programa que escuchaban atentamente, mientras aguardaban la comida que tradicionalmente encargaban a la rotisería todos los domingos.

No fue la última vez que estuve con Rosa. Volví a verla internada en el Sanatorio, coincidentemente fue también un sábado. A su lado estaba Susana.

La charla no fue amplia, apenas intercambiamos algunas palabras y ante los dichos de su hija, que se negaba a comer, le sugerí que se alimentara y me comprometí a volver a su casa para seguir charlando y compartir una mateada con más tiempo.

Retorné días después al Sanatorio a visitar a un amigo, pregunté por Rosa y me dijeron que la habían trasladado a Bahía.

Ayer cuando estaba cerrando el programa supe de la ingrata noticia, Rosa Spadaccini de Berger, había fallecido.

Parecía dormida, su rostro lucía bello, transmitía paz y su blanco pelo resaltaba en la oscura postal de la despedida.

Ya no surgirá su inconfundible voz en la mañana de un domingo.

Un ejemplar de “Dorregueros 2” se quedó sin la dedicatoria a una “lectora hasta la última hoja”…

No habrá mates largos para contarnos de nosotros, para hablar de actualidad.

Se llevó en su mirada la pequeña figura de Merlina, aunque no pudo besarla, tampoco abrazarla.

La vida me quitó una flor hermosa, desde ayer tengo “una rosa menos en el jardín de mis sueños…”. (28|03|13)

2 comentarios en ““Una rosa menos en el jardín de mis sueños”

  1. Gracias Hugo por tan hermosas palabras, por tan hermoso recuerdo, asi era Rosa una mujer grande con un corazon enorme, se nos fue Rosita…

  2. me sorprende mucho la noticia me conocia desde mis primeros dias me mi vida familia muy hermanada con la mia de los dichosos pagos de de la sona de gil saludo a susana y bochita en este momento de tristesa un beso grade para ellos.

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